El Centro / Opinión

Gasolinazo en Palacio Quemado

Alejandro Carreño | Fecha de Edición: 13-01-2011

 

Arde la casa de gobierno de Bolivia. Una fuerte explosión política, producto del impuesto a los combustibles, tiene, literalmente, al Palacio Quemado ardiendo por los cuatro costados. El Palacio de Gobierno que, efectivamente fue quemado el 20 de marzo de 1875, en la sublevación que se produce durante el mandato de Tomás Frías Ametller, ya encontró, sin emabrgo, el bombero apropiado para apagar ese indigesto fuego: Chile.
Chile ha sido, de manera sistemática, el chivo expiatorio de todos los desastres que se viven en Palacio Quemado, debido a la también sistemática mediocridad de sus gobernantes. Con Evo Morales no sería diferente. No tendría por qué serlo.
Como es de público conocimiento internacional, la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos significó, por un lado, la salida del país de las principales empresas encargadas de la explotación de los yacimientos, y la consecuente inversión de capitales para su desarrollo. De otro, la aparición del contrabando de combustible que ya le ha significado a las arcas nacionales la fuga de más de 100 millones de dólares. Lujo que la pobreza boliviana no puede darse.
¿Cómo se originó este incendio? Con el alza de 83% de los combustibles, decretada por el gobierno. Aunque Evo tuvo que anular el ya famoso Decreto Supremo 748, que autorizaba dicha alza, lo cierto es que el movimiento popular que baja como una marea humana desde El Alto hacia La Paz, toda vez que algo no le cae bien, ya había iniciado el peligroso descenso de protestas que hace temblar el Palacio Quemado, independiente de quién lo habite.
Luego de varios días de fuertes manifestaciones populares en las que el Gobierno fue acusado de neoliberalizarse y de no escuchar al pueblo, como lo había prometido, el Presidente Morales no tuvo más que justificar su pie atrás diciendo que los bolivianos no estaban acostumbrados a vivir sin subvenciones, que él llama, eufemísticamente, nivelación de precios.
Pero el incendio ya se había desatado. La encuesta realizada entre el martes 4 y el jueves 6 de enero, por la empresa Captura Consulting en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, y publicada por el diario El Deber de esta ciudad, anunciaba una caída vertical de Evo de un 21% con relación a los resultados de diciembre. Sólo un 30% apoya la gestión del Presidente, en cuanto que un 67% la desaprueba.
No es un tema menor, considerando que la población que vive en las ciudades encuestadas corresponde al 60% del país. Por su parte, Álvaro García Linera, el vicepresidente, considerado por muchos el cerebro de Palacio, tiene un 21% de aprobación y un 74% de desaprobación. Números como para echar marcha atrás y afirmar que “es necesario escuchar al pueblo, porque el pueblo es sabio”.
Sabio o no el pueblo, Evo necesitaba con urgencia apagar el incendio. Sus declaraciones de llevar a Chile a la Corte Internacional de La Haya por la salida al mar, fue el agua, como siempre, inagotable, para apagar los incendios bolivianos.
Pero es bueno que Evo comprenda que el agua también escasea en Chile, y que deberá buscar otra compañía de bomberos para su salvación. La compañía Chile no está más para fuegos ajenos.
Me parece.

 

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