Roberto J. Gómez | Fecha de Edición: 29-05-2012
No conozco mucho de cocinar, aunque se mucho de comer, digo, mientras veo la carne empezar a dorarse, bajo la mirada atenta de don Nano, mi anfitrión. Es decir, conozco de la parte más interesante, agrego.
¿Conocer o reconocer? Pregunta don Nano, que tiene fama de dejar las cosas a punto. Porque en esta materia las cosas entran por la vista, termina su frase, mientras me alarga un vaso medio lleno y medio vacío.
Hay gente que se guía por las apariencias, digo yo. Si está quemado está bueno, si no lo está es porque está malo. Que tenga el color de lo cocido, no basta porque lo cocido puede resultar a engaño. Puede estar blanco por fuera, pero cocido por dentro. O al revés con bonito color por fuera pero adentro, toda una masa sanguinolenta. Entonces todo será reconocido por el gusto. Es decir por la lengua.
Lo quemado puede tener una gran apariencia, dice don Nano, con voz de seguridad y firmeza, que le viene de la experiencia. El color de lo dorado siempre atrae a la gente, continúa. Especialmente a las mujeres. Pero manifestarse por el gusto puede resultar fatal. Duro. Con gusto a quemado… Lo quemado es amargo, agrega don Nano. Es amargo como el natre, o como el carbón, que nunca nadie ha probado, ni por el olor, ni menos por el gusto. Más bien el carbón es repelente. Sirve solo para hipnotizar al asador y a los que miran como se quema.
Todo esto puede ser firmado por cualquiera. Porque lo dice un señor con experticia y con experiencia.
Pero debo confesar que me confunden los colores, especialmente de los que un día odiaban el rojo y ahora aman el rojo. Me confunden los olores, especialmente, los que huelen mal. Me dan nauseas los gustos de alguna gente que comen bien, frente a otros que comen muy mal. Preferiría que no se dieran tantas vueltas los asados, como tampoco me gustan las vueltas, en especial de los carneros, que son llevados apiñados a los corrales y a otros destinos. Me molestan los olores que despiden las cosas que se van cocinando. Porque es bueno distinguir lo que se cocina en la cocina, de lo van cocinando en reuniones gente que no conoce el gusto de los que no pueden participar. De los que tiene que comer lo que venga, o de lo que los otros le quieran dar.
Don Nano que es poco quedado en las huinchas, comenta lo siguiente: Una cosa es lo cocido, y otra muy distinta es lo cocinado. Y el país va siendo testigo de cómo se van cocinando las cosas. Una sola candidata por este lado, que Dios la cuide, porque hay quienes quieren cocinar todo con la misma receta de siempre. La gente puede decidir de repente que en la variedad está el gusto.
Muchas recetas con distintos condimentos por el otro lado, hecha con productos sin costo para el bolsillo de los cocineros. Pero si con los condimentos que pone el fisco. Eso se ve feo, huele mal y debe tener un sabor de los mil demonios.
Pero lo peor digo yo, es cocinar gatos como si fueran liebres, que es lo menos le gusta a la gente. Mire usted don Nano le digo, entre el puente Chacao, los bonos de alimentos, los edificios patrimoniales ofrecidos, pero nunca degustados, se va acumulando como mil quinientos millones de dólares. Súmele lo que cuesta la Reforma Educacional. La plata disponible en la Reforma Tributaria no alcanza el millón. ¡No creo que el caldo alcance para tanto! O le ponen más agua a la sopa o muchos van a protestar en la calle, en la costa, en el norte, en el sur y en todo lugar… Aquí no vale el aprendiendo a cocinar se aprende. Sobre todo si se trata de lenguas.