El Centro / Opinión

Liderazgo: el nuevo trato social con el electorado

Pablo Muñoz M. | Fecha de Edición: 09-06-2012

 

La clase política, a propósito de estas municipales, trata entre todas sus intenciones que sus candidatos, se acerquen lo que más puedan a la condición de líder para que convoquen al máximo de personas y que, por otra parte, quede claro que esta posición no tiene que ver con gustar o caer en gracia a todos, sino más bien hacer lo correcto. Algunos piensan que ejercer el liderazgo quiere decir correr a las discusiones y aceptar todo para vivir la fiesta en paz, lo que está nada más alejado de la realidad.
Lo que interesa en el marco de un liderazgo es ser justos, hacer lo correcto y obtener resultados. Al respecto, dos aclaraciones: primero que el liderazgo no es sinónimo de popularidad y, segundo, que los liderazgos políticos se han encaminado hábilmente hacia las prácticas sociales.
 Entonces, ¿cuál ese es el gran desafío para los liderazgos municipales? Aquellos con aspectos sociales o comunitarios, que claramente tienden a acercarse a los partidos, pero cuya unión es entendible cuando se abanderizan con una colectividad que los lleva a encajonarse en los reconocidos liderazgos tradicionales.
Juan Castro a pesar de que se define como apolítico o fuera de los partidos, está inserto en un sistema de participación política; por ende cuenta con esta mixtura de liderazgo social con tintes políticos. Esta mezcla lo arrastra conceptualmente a un liderazgo tradicional, que es efectivo en la medida que trabaje su popularidad, su nivel comunicativo y apariciones para ser rostros de los medios ante los conflictos humanos.
 Alexis Sepúlveda es un candidato que cultiva un liderazgo social con miras a convertirlo en político, que es positivo cuando los ciudadanos le atribuyan la posibilidad de resolver sus demandas, pero hoy las personas no quieren estar dirigidas por los partidos porque están más empoderadas y quieren ser protagonista de las decisiones. La ciudadanía espera un cambio de sociedad, pero no sienten que la política, por sí sola, conduzca a estas satisfacciones de necesidades y expectativas.
Entre tanto, se debe distinguir popularidad y liderazgo, pues en ambas deben cohabitar la armonía mientras que la relación debe estar puesta en la sintonía con las demandas sociales. La popularidad de Castro y Sepúlveda adquiere un mayor sentido en la medida en que ellos puedan construir un liderazgo para cambiar Talca, con una agenda transformadora y con un programa que contenga las demandas ciudadanas. Si esas exigencias no son canalizadas con un liderazgo e incorporadas a un programa de gobierno, los ciudadanos pueden expresarse en las calles.
Dando vuelta este análisis clásico y considerando la nueva lógica de la comunicación política, la popularidad tiene más valor en la medida en que se es capaz de construir liderazgos. La notoriedad de Castro y Sepúlveda deben potenciarla a través de un liderazgo en torno a la ciudadanía; lo que se denomina un nuevo trato social con el electorado. Pero al mismo tiempo deben trabajar en equipo, porque una cosa es tener popularidad para ganar una elección, y otra construir un liderazgo para llevar adelante ideas de cambio y con gobernabilidad.

 

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