El Centro / Opinión

Los caminos del diálogo

Juan Carlos Pérez | Fecha de Edición: 18-06-2012

 

Los gobiernos no sólo deben construir caminos de concreto y asfalto. También es su deber diseñar y dirigir la construcción de otros caminos. Los del diálogo, el entendimiento, la negociación y la mutua comprensión. Sólo el diálogo permite la integración de ideas y la conformación de consensos en los que se basa la democracia. Pero, también atañe igual deber a aquellos que, desde el sector opositor, observan, critican y debieran contribuir a la misma obra necesaria: los caminos del diálogo.
Digo lo anterior a propósito de la brusca “sacada de piso” que sufrió la semana pasada el presidente del Senado, Camilo Escalona, a quien debe haber costado bastante situarse en una postura dialogante y avenirse a conversar con el gobierno. Pero lo estaba haciendo. Posicionado en su rol de segunda autoridad del país y, más aún, de representante de una corporación que, en teoría, reúne al más selecto grupo de políticos serenos, reflexivos y juiciosos que tenemos. En teoría, repito.
Escalona estaba dialogando. Y lo hacía con la finalidad de acordar la forma de impulsar una agenda legislativa intensa, de gran interés y de indudable beneficio para el país, para lo cual había requerido el apoyo de los sectores opositores cuyos votos son necesarios para aprobar esas iniciativas. Sorprendía gratamente su postura. No siempre se había mostrado tan atinado. Hasta que de su propio sector, sin advertencia previa, le fue quitado el apoyo en que sustentaba su diálogo. Y hasta ahí no más llegó el ambiente dialogante y ponderado.
Lo más sorprendente de la situación observada no fue que alguien se opusiera a las conversaciones y posibles acuerdos. Siempre hay de aquellos. Lo insólito fue que a Camilo Escalona lo desautorizó un sector político que, antaño, se había mostrado a sí mismo como el baluarte de la tolerancia y la avenencia. Al menos eso es lo que sostenía el PPD, hasta antes que llegara a su jefatura el Senador Quintana y, con gesto furibundo, negara toda cercanía, permiso o asentimiento a lo que Escalona estaba haciendo. Y no hay más diálogo.
¿Será que de hoy en adelante las cosas seguirán así? ¿El gobierno por un lado y la oposición por el otro?
Los países no prosperan ni superan sus dificultades con la tozudez y el capricho de quien cree ser dueño de la verdad. Tampoco con la obcecación de los que niegan la razón a todos, menos a ellos mismos. En la base de la democracia siempre ha estado el consenso, el acercamiento de posturas, la negociación y los convenios. Cuando más se construye caminos de entendimiento, más se acercan los pueblos al progreso democrático y la estabilidad social.
Se equivocó Quintana al querer asumir la postura del nuevo niño terrible de la oposición. Ese rol, debiera saberlo, otorga dividendos políticos de muy corto plazo. A la larga, sólo el diálogo, la negociación, el entendimiento y el acuerdo son las mejores herramientas para construir los consensos, compromisos y mutuos apoyos con que se hacen los caminos en democracia.

 

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