El Centro / Opinión

Responsabilidad Social Universitaria: Caminando hacia la sustentabilidad

Franklin Castillo | Fecha de Edición: 27-06-2012

 

El hombre, en esencia, es perfectible desde el punto de vista de sus acciones, miradas y juicios. Frente a esta concepción y aceptación de ser seres contingentes, como plantea Schopenhauer, tendríamos necesariamente que aceptar la carencia como algo intrínseco a nuestra existencia. Si fuéramos seres acabados, completos, no nos haría falta nada. Esa carencia puede ser abordada desde distintos prismas, desde lo afectivo hasta lo profesional. En éste último, el desarrollo de ciertas habilidades y el alcance de ciertas competencias, nos hace “aptos” para desenvolvernos en la esfera laboral, con las herramientas e instrumentos que nos entrega la formación inicial. Es labor propia entonces el ir alcanzando mayores logros y estándares según nuestras intenciones pero también según las exigencias que este mercado laboral, cada vez más exigente, precisa.
Entendiendo el rol que deben asumir las Universidades como generadoras de reflexión y  difusión de iniciativas en el actual contexto de la educación superior en Chile, es que muchas casas de estudio se encuentran en la reelaboración de las mallas curriculares frente a los desafíos de la globalización y el advenimiento de la sociedad del conocimiento y es, en este sentido, la problemática ambiental uno de los desafíos a asumir dentro de sus líneas estratégicas.
Una opción es incorporar el componente ambiental a través de la Educación Ambiental, entendida ésta según la Ley 19.300, como “un proceso dirigido a desarrollar una población mundial consciente y preocupada del medio ambiente”. Se transforma entonces en una demanda urgente que en el actual contexto anteriormente descrito, mantiene su vigencia y urgencia, ya que los problemas ambientales en las últimas décadas se han agudizado. Se trata por lo tanto, de entender que no solamente es preocupación de los ingenieros ambientales o de los educadores el saber y desarrollar estas temáticas, sino por el contrario, el llamado es a todos los profesionales de nuestra sociedad a asumir este desafío. La propia Conferencia de Tbilisi plantea que “los especialistas en cuestiones del medio ambiente, así como aquellos cuyas acciones y decisiones pueden repercutir de manera perceptible en el medio ambiente, han de recibir en el curso de su formación los conocimientos y aptitudes necesarios y adquirir plenamente el sentido de sus responsabilidades en este respecto”.
La aspiración al desarrollo sustentable y el respeto por el entorno y el ser humano son parte de los fundamentos sociales de la Educación Ambiental, fundamentos que coinciden en muchos casos con los proyectos educativos de diferentes casas de formación de pregrado en nuestro país.
Es así como la UCM, dentro de su preocupación por este eje, incorpora en sus cursos de Formación General y, atendiendo al compromiso con la sociedad y el planeta, incorpora módulos enfocados a tratar la problemática ambiental desde distintos prismas. Todos los profesionales y todos los habitantes de esta Tierra debemos estar atentos a lo que sucede en nuestro entorno, ser capaces de comprender que, como planteó el Jefe Seattle en 1855, “lo que suceda con la Tierra recaerá sobre los hijos de la Tierra”.
El universo y sus componentes no pueden ser tratados en forma parcelada, el fenómeno educativo y por tanto humano, tampoco puede verse desde una mirada vertical. El Ser
Humano es complejo y por consiguiente, su tratamiento también deberá ser sistémico. Al  momento de conocer las partes y comprender el todo estamos abrazando la esperanza de un mundo mejor, para nosotros, para nuestros hijos y para nuestros nietos. He aquí la pregunta del Jefe Seattle ¿Cómo se puede comprar o vender el cielo…o el calor de la tierra?

 

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