El Centro / Opinión

Derecho penal, sociedad líquida y libertad

Hernán Fuentes C. | Fecha de Edición: 30-06-2012

 

Las anquilosadas y obsoletas formas de reacción punitiva frente al delito, se enfrentan de manera dialéctica a una dramática crisis, cuyo desenlace es ciertamente imprevisible. Siempre los cambios sociales han ofrecido al Derecho penal y a la Política Criminal intensos desafíos, pero nunca con tanto vigor y velocidad como hasta ahora. Y es que esta modernidad que algunos bautizan como “líquida”, nos presenta una sociedad donde impera un paradójico individualismo inserto en un contexto de globalización, que influye en relaciones sociales eminentemente frágiles, transitorias, volátiles e informes. Nada conserva su forma por mucho tiempo. Todo fluye cada vez más rápido. ¿Extraña entonces que a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos vivamos en una inseguridad permanente?
Nos construimos un mundo para estar seguros, lejos del peligro que nos ofrecía la salvaje naturaleza, pero ahora dentro de nuestras cavernas de cemento, le tememos a múltiples amenazas; terrorismo, crisis financieras, desempleo, calentamiento global y desastres naturales, accidentes, enfermedades,  violencia y delincuencia, ataques sexuales, etc. Resultado: la depresión y el estrés son la peste negra de este siglo, aunque sin la ventaja de disminuir la sobrepoblación.
Por su parte, desde las cúspides del poder (mundo político y económico) la lógica del terror es utilizada indiscriminadamente, pero con habilidad, y la obsesión compulsiva por la seguridad  nos ciega ante cualquier mensaje legislativo simbólico. En fin, se están minando nuestras más trascendentes relaciones sociales.
Ya no confiamos en el cura, en la nana, en el profesor, ni en el médico, y ellos tampoco confían en nosotros. El cura se abstiene con su feligrés, la parvularia no se atreve a mudar al niño, el profesor ya no toma exámenes privados, ni el médico deja de pagar altísimos seguros. Nosotros los vigilamos, los fiscalizamos y los denunciamos ante la mínima falta. Guardar equilibrio en estas condiciones es como caminar en la cuerda floja en medio de una tormenta. ¿Será por todo esto que nos hemos volcado en nuestros avatares virtuales?
En fin, lejos de lo que aparenta no somos pesimistas. Lo que está ocurriendo es fabuloso, el ser humano siempre ha luchado por su libertad, y ahora que es más libre que antes, debe aprender a vivir con sus miedos y angustias, y ciertamente seguir luchando contra nuevos enemigos.
El Derecho Penal debe despertar de su letargo, y el camino es transformarse en un ente regulador de conflictos en vez de un verdugo, así ya no será un enemigo de la libertad sino su más fiel garante.

 

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