Juan Carlos Pérez | Fecha de Edición: 30-07-2012
Con la inscripción, a fines de la semana pasada, de los respectivos listados de candidatos a alcalde y concejales, los pactos políticos más importantes del país están aproximándose a la línea de partida de la elección municipal de octubre. Hecho esto, sólo queda la verificación de los antecedentes proporcionados al Servicio Electoral y, después, dar inicio a la campaña. La de verdad, porque legalmente sólo se podría realizar este trabajo proselitista faltando un mes para los comicios, lapso que todos estiman insuficiente.
Y si bien apenas se está iniciando la campaña, ya es posible comentar algunos hechos decidores. El primero, la notable unidad que se pudo observar en el pacto oficialista. Luego de algunas escaramuzas propias del juego político y del ejercicio del poder, los partidos de gobierno demostraron que, pese a las legítimas diferencias, podían coordinarse y actuar unidos en la conformación de una lista de candidatos. Seleccionar los 300 candidatos a alcalde y los más de 2.200 candidatos a concejal fue un trabajo arduo, no exento de problemas, de decisiones difíciles y de polémicas locales. No obstante, lo hicieron y ello es demostrativo de la unidad que señalábamos. Pero, por sobre esa demostración de voluntad y trabajo mancomunado, la inscripción del pacto oficialista unitario muestra que las fuerzas de la centroderecha logran deponer parte de sus legítimas aspiraciones e intereses, en aras de un objetivo mayor, como es el gobierno local de la mayoría de las comunas del país.
Muy diferente es el panorama de los varios partidos que conforman la centroizquierda, opositores al actual gobierno. Dichos partidos no han logrado, pese a los declarados esfuerzos de sus dirigentes, deponer las apetencias de cada uno y las ambiciones de cada cual. Así, los dos partidos políticos ejes de aquella coalición, el demócrata cristiano y el socialista, han presentado su listado de candidatos de manera separada de las otras fuerzas, PPD, radicales y comunistas, quienes no pudieron, o no quisieron, unir sus listados a los anteriores. Esta ausencia de unidad, cuyo origen es más voluntarioso que ideológico, ha sido justificada de diversas maneras. Unos han sostenido que es una estrategia electoral que busca potenciar el caudal electoral que el sector pudiera obtener, y otros, en cambio, han señalado que es más bien la manera de expresar sensibilidades y proyectos distintos dentro del abanico de partidos opositores.
En nuestra región, en particular, el panorama no ha sido diferente a lo ocurrido a nivel nacional. Los partidos de gobierno han mantenido la unidad que, en 2008, les significó un triunfo notable en alcaldías y concejos y esa coordinación y afinidad es la que augura un resultado semejante. Mientras, también aquí en el Maule la ex Concertación ha demostrado que el compromiso y el acuerdo con que ejercieron el mando del país ya no existe. Y que, por sobre la unidad ideológica, hoy impera el acomodo individual y los provechos particulares de cada partido.
En la capital regional, por último, el panorama se observa tanto o más claro que hace cuatro años. Y, si entonces, la ciudadanía se inclinó por una opción que prometía orden, esfuerzo y un Talca renovado, hoy no queda más que alegrarnos por aquella decisión y volver a mantenerla.