El Centro / Opinión

(Súper) Mercado para Talca: no vengo a vender, vengo a regalar

Rodrigo Hernández F. | Fecha de Edición: 30-07-2012

 

Vamos a hacer una cosa bien hecha. ¿Conoce esa punta de fierro oscuro con cuatro patas del centro de Paris? Le vamos a poner una farmacia (una en cada esquina, al “colussion chilean style”), un supermercado y un cine, para que sea funcional. ¿El obelisco de Buenos Aires? Lo conectaremos al sistema de celulares y lo transformamos en antena. ¿El “Big Ben” de Londres? Lo hacemos mall, porque está muy viejo. Además le ponemos un Spa y una marca de relojes que auspicie. Ni hablar de la torre de Pisa. Esa está chueca. También hay que “salvarla”. La ponemos derecha, contratamos buenos arquitectos y le colocamos un estadio de fútbol de última generación con el nombre de alguna marca saudí.
En esta parte usted me va a decir que difícilmente podría comparar a estos monumentos mundiales con nuestro humilde Mercado de Talca. Toda la razón. Nos faltan años de historia y aprendizaje, para elevar nuestras reliquias ciudadanas a la categoría de hitos universales. Y pronto nos quedaremos sin la oportunidad de evolucionar. Ese maldito afán de creer que lo que está viejo está malo, y que como está malo hay que cambiarlo. Con terremoto de por medio, mejor aún: la perfecta razón para evitar reparar, y en cambio echar todo abajo elevando edificios que no respetan en nada la tradición de 122 años de historia.
El Mercado de Talca se construyó en 1890, bajo el gobierno del presidente Balmaceda. Resistió los embates del tiempo y la falta de aprecio de los talquinos. Aguantó cuanto terremoto pasó, e incluso se enfrentó a múltiples intentos por “modernizarlo”. Pero parece que no fue suficiente. Hoy está a punto de transformarse en un supermercado, e incluso tienda de retail. Lo que parece un proyecto interesante para desarrollo urbano, termina siendo una terrible bofetada al escasísimo patrimonio arquitectónico de esta ciudad. “Mantendremos la fachada”. Pero lo que aún nadie entiende es que mantener fachadas no es, ni por lejos, un sinónimo de conservar la historia que está detrás de la construcción centenaria. No se trata tampoco de mantener al mercado en el estado en que está. Pero que no nos metan el dedo, la mano y el codo en la boca: construir un supermercado no es precisamente reconstruir. Demasiado acostumbrados a botar sin asco nuestra identidad para darle continuidad a conceptos sobrevalorados como “funcionalidad”, “modernidad”, “ingreso”, o peor aún: “progreso”; esa palabra que sólo tiene valor si se acomoda a lo que el mercado necesita para sus controladores. No crea que esta columna es una exageración de mi parte. Para tener monumentos tenemos que mostrar algo de cultura urbana, que no sólo implica no botar basura al suelo. Evolucionar no es sinónimo de levantar edificios con espejos y una marca que auspicie. Y no es la primera vez. ¿Le suena el periódico “La Mañana”? Su edificio hoy es un banco. Y también dijeron que no nos preocupáramos. Esta vez, de nuevo nos dicen que la arquitectura se respetará. Los locatarios podrán mantener su actividad en el nuevo recinto. Se ha dicho que es perfectamente posible que los vendedores de artesanías, frutas y verduras puedan convivir con un supermercado al lado. Habrá que confiar, por supuesto. ¿O alguna vez nos han mentido? A este paso, terminaremos teniendo un vulgar edificio como el de 8 Oriente con 2 Norte, donde la gente sigue vendiendo aceitunas afuera del supermercado. Y es que ni siquiera estamos vendiendo nuestra historia. La estamos regalando. Es la desagradable forma de hacer las cosas en Talca. Donde “remodelar” termina siendo más bien “destruir” y peor aún: “olvidar”.

 

Compartir en Facebook

0 Comentarios

Haz tu comentario

Para hacer un comentario debes estar previamente registrado y haber iniciado sesión.