El Centro / Opinión

La inocencia de los musulmanes

Alejandro Carreño | Fecha de Edición: 20-09-2012

 

Cuando el diario danés, Jyllands Posten, publicó en febrero de 2006, las caricaturas de Mahoma, reproducidas en distintos diarios europeos (France Soir, en Francia; Magazinet, en Noruega; 24 Heures, en Suiza, entre otros), se encendieron los ánimos de los pueblos musulmanes, y varias embajadas en Damasco, perdieron todos sus enseres. Ubicada en la calle Al-Rashid 45, en el primer piso, la embajada chilena fue absolutamente destruida, aunque el objetivo era, por cierto, las embajadas de Dinamarca y de Suecia ubicadas en el mismo edificio.
Hoy, una película que pocos han visto, pero que se hizo conocida en Youtube por medio de algunos videos,  ha desatado, nuevamente, la violencia del pueblo musulmán. La inocencia de los musulmanes, dirigida y producida por Sam Bacile, es una “película estúpida”, según el diario New York Post, pero muy difundida, aunque comercialmente su éxito ha sido nulo. Por su parte, el Daily Telegraph comenta que la película describe a Mahoma como un pedófilo y homosexual.
La religión musulmana desaconseja o prohíbe la reproducción de cualquier tipo de imagen del profeta Mahoma, para evitar la construcción del ídolo y la pérdida del dios. Por lo tanto, retratarlo de cualquier modo, es darle un rostro. Y, un dios con rostro, en la religión musulmana, es un dios desacralizado que habita la tierra pero no el cielo. Menos, entonces, presentarlo de la manera grosera como lo hace la mentada película.
En Occidente se ignora esto, y las consecuencias están a la vista. Incluso el propio embajador de los Estados Unidos en Libia, murió en un atentado en el consulado de su país, en la ciudad de Bengasi. Las revueltas se han multiplicado y se expanden por Medio Oriente, porque, caricaturas o películas, son actos que denuestan a su dios e injurian su fe. Es, en consecuencia, un tema sensible para la cultura musulmana y sus más de mil millones de fieles del Profeta Mahoma.
Pero en Occidente, a dios lo llevamos en el cuello, y lo tenemos enmarcado en algún lugar de nuestra casa, al lado de alguna naturaleza muerta o de un retrato familiar. Lo éticamente religioso es, por lo tanto, respetar y tolerar ambas maneras de vivir la religión y sus símbolos,  y  de relacionarse con dios.
¿Hasta dónde les es permitido a los medios masivos de comunicación expresar su opinión? ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión? Honestamente creo que los límites de la libertad de expresión están dados por la debida comprensión y respeto que se les debe a todos los pueblos. Burlarse, por el medio que sea, de la nacionalidad, de la raza o de la religión de cualquier sociedad, es zaherir de modo profundo, lo más fuerte y puro del ser humano; es mofarse de su sistema de creencias que implican cultura y tradición.
Lo anterior no debe, sin embargo, justificar la ola de irracional violencia que un sector musulmán desató en diferentes lugares de Europa y Oriente. Estos grupos radicales no pueden pretender imponer su ideología por la fuerza de la destrucción y la violencia. Necesitan comprender que Occidente no es Oriente, y esto significa, lisa y llanamente, poseer otra visión del hombre, de la vida y de dios.
Dios es dios, y la paz.
Me parece.

 

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