Jueves, 23 de Mayo de 2019

Cartas al Director

Aniversario de Talca

De: Juan José Alfaro Zúñiga - Publicado el 13 de Mayo 2019

Talca: 277 años y algunas horas para recordar No existe otra ciudad que me emocione, aquí viví mi primer llanto, mi primera sonrisa, aquí están mis calles, las de números y puntos cardinales, aquí habitan los sueños que alimentan mi vida, aquí no existen superhéroes, pero algo parecido vestidos de rojo y negro, aquí suspiro, aquí doblan los esteros como si fuesen siluetas, aquí hay un río que camina a su encuentro, aquí las emociones transitan en bicicleta, como antaño las carretas despertaban al sol.
Talca es el trazo en la acuarela, el pincel olvidado en el fondo del cajón, el cuaderno con sueños postergados, y el latido que te abriga el corazón. Tiene las heridas de otras guerras y un imán que se funde con mi piel, a veces contrariada, otras enamorada y, al mismo tiempo perfecta, para el que recorre sus calles con la chistera ajustada y el bastón de los tropiezos como un recordatorio de que aún hay trabajo en el portafolio de lo que falló.
Hay un poco de locura vestida en la Uno Sur, una diagonal de bares y copas, una alameda de ferias y copas, y un estadio que espera su estrella. Un río que hereda su nombre a una batalla y a una avenida, una Cancha Rayada de balas y sangre por la libertad, y un cerro que perdió su virginidad. No es la tierra prometida, ni la mesa servida, tampoco la canción de moda, ni la rima del poeta, pero es mi tierra, mi espacio, mi ventana a la luna, mi carnet de identidad.
Hablo su idioma, el de las bombonas, el del pan francés, amos sus “completos mojados”, y el mundo irritado incapaz de entender. Hay ciudades y hay lugares que evocan y Talca me evoca, me sublima, me inspira, es el pizarrón y la tiza de mis primeros recuerdos, la espada con que vencí mis miedos y el rostro de aquello a donde siempre quieres volver.
Hay una loba cuidando una plaza, una estación que añora el ayer, un terminal donde nada termina, donde la primavera no ha querido volver. Una bandera gigante en señal de victoria, un obelisco de piedra y su trofeo de guerra, una plaza de armas respirando tu abrazo, así es Talca en mi alma, un remolino de azar.

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