Jueves, 23 de Mayo de 2019

Cartas al Director

Falla geológica

De: Jaime González Colville - Publicado el 12 de Mayo 2019

Respecto de las afirmaciones del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) en relación a las “fallas geológicas” existentes en el país y, en particular, en Longaví y Parral, es necesario tener presente lo siguiente: Las denominadas “fallas geológicas” de Chile no fueron descubiertas ahora ni son todas riesgosas. Cabe precisar que ellas pueden tener millones de años y el que fueran advertidas en nuestros días, no significa que por ese hecho, se transformen en centro de desastre inminente.
El primer científico que atribuyó los terremotos a fallas geológicas o fractura de placas de subsuelo marino fue Darwin quien tuvo “la suerte” de estar frente a las costas de Concepción cuando ocurrió el sismo de 8.5 de magnitud del 20 de febrero de 1835 a las 11.30 de la mañana y que provocó un tsunami que abarcó desde Cachapoal a Valdivia, además de aparecer rocas que se encontraban sumergidas, por lo cual Darwin aventuró su hipótesis sobre las placas marinas, que sería ampliamente ratificada más tarde. Cabe precisar que, en esa época, los terremotos eran atribuidos solamente a los volcanes.
Estos accidentes de la corteza terrestre, en Chile, han sido analizados desde mediados de siglo XIX: En 1850, José Amado Pissis publicó un muy valioso trabajo titulado “Descripción Geológica de la República de Chile”, donde examinó con los instrumentos de esa época, la materia en análisis.
Entre sus hallazgos, está la falla de Pichilemu, que fue descartada, pero que se activó violentamente en el terremoto del 2010 y produjo el sismo del 11 de marzo de ese año. El geólogo, José Cembrano, reconoció que era una falla no advertida y que debía tener un millón de años y no se percibió por carecer de actividad.
Desde fines del 2009, por ejemplo, se habló con alarma de la existencia de un volcán “pronto a erupcionar” en la Laguna del Maule, lo que motivó visitas, análisis, instalación de instrumentos y otras acciones en el lugar, además de la consiguiente alarma por las consecuencias que podría tener una erupción en ese sector. Sin embargo, estudios posteriores descartaron una erupción inminente.
En lo referente a las fallas que determinó Sernageomin recientemente, cabe precisar que, además de la de Mesamávida, se estableció un mapa con alrededor de 77 fallas similares en el país. La de Mesávida tendría unos 10 kilómetros bastante menor a la de San Ramón de Santiago, que tiene 50 kilómetros, pero que, pese a su monitoreo y análisis, ha estado inactiva por casi tantos años como estuvo la de Pichilemu, ya descrita. No obstante, del estudio hecho de los terremotos en Chile, en la zona central, desde Darwin hacia adelante, las placas submarinas han sido las grandes causantes de ello: ocurrió en 1906 en Valparaíso, 1928 en Talca, 1939 en Chillan y Cauquenes (con un movimiento de placas en el mismo lugar que el 2010) y el del 2010, ya citado.
El geólogo que descubrió la falla ubicada entre Longaví y Parral, Joaquín Cortes Aranda, en entrevista a un medio de prensa, reconoció que se estaba en una etapa temprana de la investigación en lo referente a la Mesamávida, y era poco lo que se podía deducir sobre esta materia. Si la falla de Mesávida ha estado inactiva por tal vez millones de años y no ha reaccionado ante los terremotos descritos, no debiera ser motivo de preocupación, lo que no obsta para que la autoridad comunal, si lo estima pertinente y para dar tranquilidad a la comunidad, solicite al Sernageomin la visita de geólogos especialistas y la instalación de instrumental que permita advertir movimientos, ruidos u otras señales, para así tener un diagnóstico preciso, tal como se hizo en la Laguna del Maule y se realiza ahora en forma permanente en la falla de San Ramón.

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