Martes, 16 de Julio de 2019

Cartas al Director

Frontera deshumanizada

De: - Publicado el 11 de Julio 2019

Hace unas semanas, Piñera afirmaba en rueda de prensa desde la cumbre del G20 que se estaban “tomando medidas para proteger nuestras fronteras”. De esta forma, ponía especial énfasis en los problemas que hoy existen en la puerta de entrada norte de nuestro país. Aquel tono que nos tiene acostumbrado el presidente, nos instruye de manera anticipada el trato a la crisis que hoy se vive en la frontera de Chacalluta, como un problema de “seguridad”. El enfoque que se utiliza para afrontar problemas como estos, no surgen de manera natural, pues existe diversidad de formas de percibir y analizar estos problemas, de manera que la cuestión de seguridad que indicaba el presidente no es al azar, y es precisamente como algunos medios de comunicación y partidos políticos han tratado el tema. De este modo, hoy vemos como aquella influencia en los espacios públicos, también ha distorsionado la opinión publica tomando de manera natural la forma en que se está tratando este problema el gobierno. Llevamos un año de intensa actividad en los noticieros mostrando los horrores de la crisis en Venezuela, donde se ha querido argumentar los problemas que viven a diario los venezolanos en su país, llegando al punto de que nuestro Presidente, fue una cara visible en todo el proceso de resistencia contra Maduro en Cúcuta, pero, ¿Qué fue lo que transformó aquella política de ayuda humanitaria hacia Venezuela, a una precariedad administrativa y se optó por vincular la inmigración en el norte del país con la seguridad de nuestro país? El titulo no es antojadizo, el problema fronterizo perdió todo carácter de trato humanitario. El colapso con más de cuatrocientas personas en búsqueda de un visado que los pueda dejar pisar el país hace que lo que viven aquellos migrantes sea de todo menos humano. La mayoría de aquellos que de manera terrestre llegaron a la frontera de Perú-Chile duerme en las calles, se alimenta gracias a la ayuda de vecinos y organizaciones humanitarias, esperando alguna respuesta positiva para su visado, otros en cambio, optan por caminar en campos minados a precios que van más de unos cuantos dólares, el precio de sus propias vidas, y aun así, el gobierno trata el problema como un colapso administrativo y con firmeza en la seguridad nacional. La falta de congruencia política en el gobierno no deja de ser importante, ya que el Presidente está en conocimiento y así lo afirma convincentemente sobre la crisis que vive Venezuela, y pese a las ayudas humanitarias que ha mandado al país, no ha sido capaz de afrontar la crisis en nuestra frontera con los ojos puestos en las urgencias residenciales de los venezolanos apostados en el norte de nuestro país y la ambivalencia con la que se quiere tratar esta crisis, precisamente desde la seguridad, como si el problema migratorio fuera un tema de legal e ilegales, honestidad y deshonestidad, que causan daño a nuestro país, como lo ha expresado Sebastián Piñera. Por último, me quiero referir a lo importante que es tratar de soltar las cadenas prejuiciosas que se están gestando en la opinión pública entorno a la inmigración en Chile. Es indiscutible el aumento de la migración, y que se necesita urgentemente una innovación en las leyes entorno a esta materia que regularicen y amortizan una nueva multiculturalidad y responsabilidad estatal con los nuevos integrantes de nuestra sociedad, pero hay que tener mucho ojo en cómo somos espectadores de este escollo que hoy tiene a familias en condiciones y tratos inhumanos en la puerta de nuestros hogares.


Felipe Espinoza Arce. Ciencia Política y Relaciones Internacionales UAH

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