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Inclusión social y económica de los migrantes

De: - Publicado el 23 de Marzo 2016

La migración es un fenómeno que está tomando cada vez más relevancia en el ámbito nacional. La discusión sobre el tema tiene diversas aristas, y como muchos fenómenos sociales y económicos tiene su doble cara. Por un lado, se considera positiva la inmigración cuando llegan profesionales, técnicos y obreros que ocupan puestos de trabajo claves que no pueden cubrir los nacionales, en áreas como la ingeniería, minería, medicina y servicios. Y desde la mirada social existe la creencia de que ésta conlleva a enriquecer el país interculturalmente a través de los idiomas, comidas, música, costumbres, entre otros.  De hecho, creo que muchos chilenos se sienten orgullosos cuando nombran a Santiago como ciudad “cosmopolita”.

Sin embargo, su cara negativa se observa en los perfiles de los extranjeros. Entre ellos encontramos a muchos exiliados políticos y familias en condiciones vulnerables, que requieren apoyo en diferentes áreas. Además, llegan personas con conflictos importantes y algunas violentas. A esto se le suma la esencia chilena de país elitista. Sobre esa base se construye la cara negativa de la migración, la que lleva al estigma social de los extranjeros sentada en la discriminación y exclusión social.

Esto conlleva a un importante desafío para el país en inclusión económica y social de estas masas migratorias. Considerando el rápido crecimiento de los extranjeros en el país (120% entre 2013 y 2015) y el hecho de que Chile se ha ido convirtiendo en un nicho atractivo para los inmigrantes, dado que tiende a ser percibido como un país “estable”, con crecimiento y facilidades idiomáticas para los latinos y españoles.

Una muestra del perfil promedio de los inmigrantes es la fotografía que ofrece la Casen 2013, que al margen de sus debilidades es un reflejo de la población. Según ésta, la mayor proporción de extranjeros son adultos jóvenes (64% entre los 15 y 44 años de edad), con estudios universitarios (33,7%) y en promedio son menos pobres que los nacionales.

Específicamente, la tasa de pobreza fue de sólo un 10,7%, el ingreso promedio por hogar extranjero es superior a los nacionales ($362.568 vs $189.298), el 52% se encuentra en los quintiles IV y V de ingresos (los más ricos) y con empleos de buena calidad, porque la mayoría se encuentra con contrato indefinido 82,32%, y una tasa de afiliación a Isapre de un 23,3% (5,2 puntos más que la de los nacionales). Esto también es un reflejo de los requisitos para obtención de visas y permisos de trabajo.

Sin embargo, al revisar los datos más sociales nos encontramos que la población extrajera es más desigual que la nacional. Mientras que del total de extranjeros sólo un 11,2% pertenece al quintil I con un ingreso mensual promedio per cápita de $40.542, el 29,3% está en el quintil V con ingresos por persona que alcanzan los $882.274. Más preocupante aún son las bajas condiciones socioeconómicas en las que viven los más vulnerables. La tasa de hacinamiento de los inmigrantes (25,15%) es casi el doble que la de los nacionales, tienen menor acceso a becas (7,15% vs 12,71%) y tasa de inasistencia escolar más alta (13,9 % vs 3,0%, para niños entre 6 y 18 años).

Otro aspecto que preocupa es la baja participación social. Del total de extranjeros sólo un 14,4% tiene participación social en organizaciones mientras que más del 22% de los nacionales si lo hace. Es decir, Lo económico está relativamente cubierto para un importante grupo de extranjeros.

Esto implica un reto para el país de asegurar trabajo, salud, viviendas dignas y seguras, educación, participación social y política, y un cambio cultural en que se valoren las diferencias. Así, chile debe asegurar la inclusión social y a superar el estigma cultural que la limita: el de “extranjeros”.  Considerando que la inmigración impulsa la diversidad cultural, la inversión y permite cubrir las necesidades de especialistas y trabajadores no calificados. Más aún, la historia muestra el aporte relevante que hicieron las masas migratorias provenientes de Europa y Asía, en el siglo pasado. 

Chile tiene esta tarea pendiente, con la inclusión de los inmigrantes, especialmente los más vulnerables.

Dra. Leidy Y. García

Facultad de Ciencias Sociales y Económicas

Universidad Católica del Maule

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