Abuelitos enamorados para siempre

14 Febrero   841   Crónica   Diario El Centro
Abuelitos enamorados para siempre

“Love is in the air” (“El amor está en el aire”), es el título de una canción de fines de los años setenta interpretada por John Paul Young. La letra de la canción habla de que el amor era posible encontrarlo en todas partes. Y así también ocurrió con esta conmovedora historia que se vive bajo el techo de uno de los hogares de la Fundación Las Rosas, un amor inquebrantable de más de 75 años, que no terminó ni siquiera, con el galopante alzheimer de Octavio y su ingreso hace algunos años al Hogar Sagrado Corazón de Jesús de Linares.


Margarita tenía 17 años cuando comenzó a poner atención en las cosas que hacía Octavio para cortejarla, quien era dos años menor.


El padre de Octavio le tenía mucho aprecio a la bella Margarita, una niña dulce y bien educada, de esas nueras “que cualquier suegro quisiera”. Pero la relación no estuvo exenta de obstáculos, como la oposición de los dos hermanos mayores de ella. Fueron varios años de amor cómplice, de miradas y conversaciones a escondidas, para que recién a los 25 años de Margarita y los 23 de Octavio, pudieran formalizar -ya como adultos-, el noviazgo, para el año siguiente contraer matrimonio.
La feliz pareja se fue a vivir a una humilde casa de campo, emplazada entre las nacientes montañas de la localidad del embalse Ancoa. Con los años nunca llegaron los hijos biológicos, pero si los adoptivos. El hijo de una joven vecina, quien no podía cuidarlo y una sobrina de ésta, fueron la pareja de hijos del matrimonio, a quienes cuidaron, educaron y les entregaron amor de familia que los niños tanto necesitaban.


Ya avanzada su edad, Octavio comienza a realizar acciones erráticas y olvidar ciertas cosas cotidianas, que poco a poco lo comienzan a invalidar en su vida diaria. El alzheimer se instala en la vida de esta pareja, amenazando que, conforme pasan los años, va aumentando el riesgo. Bajo la gestión de una bondadosa religiosa -y dada la imposibilidad de su amada esposa para cuidarlo-, Octavio ingresa al hogar que Fundación Las Rosas tiene en Linares, en donde comienza a recibir las atenciones que su delicado estado senil requiere.


Margarita, sola en casa, comienza a sentir la ausencia de su marido y a vivir la soledad de no tenerlo día a día a su lado, como tantos años lo hicieron. La misma hermana, que con cariño buscó cuidado a Octavio, es la que se da cuenta de esta situación e invita a Margarita a vivir con su esposo en el hogar y seguir su vida matrimonial, juntos para siempre.

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