El caso sin resolver de La Calchona

¿Actuó una “Manada” en Talca hace 29 años?

Hoy se cumple un año más del asesinato de María Soledad Opazo Sepúlveda, homicidio aún sin esclarecer y que, por sus características, tiene similitud con la violación de una joven y posterior liberación de los responsables en España, caso que despertó los movimientos feministas del mundo, incluido Chile.

25 Junio 2018   26430   Crónica   Diario El Centro
¿Actuó una “Manada” en Talca hace 29 años?

TALCA.- Hace casi tres décadas, el 25 de junio de 1989 exactamente, Talca amaneció agitada por un crimen cuya víctima era una mujer de 17 años identificada como María Soledad Opazo Sepúlveda. Pero no fue un homicidio de características comunes. A la joven la violaron y la dejaron desnuda a orillas del canal Baeza, aproximadamente a 40 metros del puente La Calchona, al norte de Talca. La asesinaron con la saña de múltiples puñaladas en la región cervical, toráxica, en los brazos, en la región anal y la vagina, de acuerdo con los informes legales de aquel entonces.
La hipótesis de mayor peso manejada en aquel momento y que se mantiene hasta hoy es que el crimen fue consumado entre varios hombres, quienes presuntamente la sometieron cuando caminaba con rumbo hacia su casa, cuando eran cerca de las dos de la madrugada, obligándola a abordar un vehículo.
Las primeras investigaciones apuntaron como culpables del homicidio a Víctor Osses Conejeros, José Soto Ruz y Juan Manuel Contreras, tres jóvenes pobres del sector Mantos del Río. Soto y Contreras fueron condenados en marzo de 1994 a 10 años de prisión; mientras que a Osses le redujeron la mitad de la pena.
Debieron transcurrir cinco años para que se descubriera que los tres hombres señalados eran inocentes y que fueron forzados mediante torturas a confesar ante las autoridades un crimen del que no fueron partícipes. Los liberaron, recibieron una disculpa pública de parte de la Intendencia maulina y una pensión de gracia vitalicia equivalente a tres salarios mínimos.
Mientras tanto, los verdaderos culpables seguían sin ser plenamente identificados por las autoridades. No así por la comunidad talquina, entre cuyos habitantes se repetía y se sigue nombrando la versión de que los asesinos eran miembros de familias prominentes de la localidad.

CIERRE DEL CASO
SIN CULPABLES
Conforme a las leyes chilenas, el caso debió haberse resuelto en un plazo no mayor de 15 años para que él o los responsables pudieran recibir el castigo prudente. Esto no ocurrió, de modo que una vez prescripto el caso los asesinos quedaron libres de culpa.
Supuestos sobornos aceptados por la Policía de Investigaciones, al parecer, pesaron sobre el curso de la investigación, lo cual implicó que no se completara un peritaje exhaustivo, por ejemplo, tal como lo develó el ministro en visita designado para este caso, Rodrigo Biel.
“Estudios que de inmediato se pueden hacer sobre las uñas, porque generalmente hay actos de defensa y entre la uña y la piel quedan restos de piel, pelo del atacante, y nada de eso se hizo”, declaró Biel en 2004 al Diario El Centro, fecha en la que se cumplían 15 años del suceso más cruel que guarda la memoria de los talquinos.

SIMILITUD
Todavía ahora cuando el polvo de casi 30 años lo opaca, el caso sigue vigente. Justamente, por estos días no pocos recordaron nuevamente aquella noche de San Juan manchada con sangre debido a la decisión de un juez de dejar en libertad provisional a los cinco hombres que dominaron, violaron y, encima, grabaron y se ufanaron de la acción cometida contra una española de 18 años, durante la fiesta de San Fermín, hace dos años.
Como ellos, La Manada -así etiquetados por la sociedad española y el mundo en el grito masivo de rechazo por el tratamiento del proceso legal-, hay violadores libres, no en España, sino en la capital de la región del Maule. La diferencia es que en Pamplona hay una sobreviviente en terapia psicológica para superar el trauma. En Talca, hay una tumba en el Cementerio Municipal donde reposan los restos de María Soledad Opazo, hija, hermana y madre cuyo recuerdo lo mantiene vivo un ramillete de claveles y maules marchitos.

Marlyn Silva

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