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El linarense que se convirtió en una leyenda de los relojeros

Luis Castillo ha dedicado parte de su vida a la reparación y venta de relojes en el Mercado Municipal.

Periodista: Diario El Centro - Fecha de Edición: 04 de Diciembre 2017

TALCA.- Luis Castillo Contreras no tuvo una vida fácil. Las inclemencias del destino y sus ideales le obligaron a reinventarse a sí mismo en varias ocasiones, pero siempre con la misma esencia y el mismo afán: medir el tiempo y reparar relojes. Y con todo ello, se convirtió en el relojero con más tradición en Talca.
Hoy a sus 79 años sigue desarrollando su pasión en un pequeño puesto en el Mercado Municipal de Talca junto a su esposa. Ya con 41 años viviendo en la capital regional aseguró que para alcanzar sus metas y objetivos tuvo que luchar día a día donde definió que “los negocios son un vaivén”.
“Al principio se hizo muy difícil (...) Pasaban los días y no mejoraba las ventas, la frustración se había apoderado de mí. Ahí comencé a forjar mis fuerzas en Dios (…) desde ese entonces las ventas fueron mejorando y hasta la fecha no me ha faltado trabajo”, comentó.


TECNOLOGÍA
Si bien la evolución de la tecnología ha sido una traba importante en el ámbito laboral de este relojero, aseguró que la creación del reloj a pila lo mantuvo con recelo.
“Con el invento de los chinos, creí que nos iríamos a pique (...) Nos cambió la vida totalmente, pero de igual forma seguimos adelante y sobrepusimos llevar la situación”, explicó.

 

TRABAJO MINUCIOSO
Con el pasar de los años Luis añadió que el trabajo cada vez se va haciendo más minucioso, donde hay veces que requiere más de tres días en reparar un reloj.
“Para arreglar un reloj pulsera debes tener las herramientas adecuadas. El problema es que cuando mandas a reparar un reloj, sólo le cambian las pilas o te dicen que hay que cambiar el circuito porque se quemó. Y eso es muy raro que pase” de igual forma afirmó que tiene una serie de máquinas las cuales le ayudan a hacer un trabajo más rápido y eficaz.

 

CLIENTELA
Uno de los puntos importantes en la vida de un negociante es su clientela y en este caso para Luis eso es primordial.
“La mayoría de ellos viene a reparar sus relojes desde hace años. Cuando tienen algún problema con técnico o cambio de pilas vienen directo a mi local. A casi todos les conozco su historia familiar, de hecho tengo a varios que vinieron cuando niños y ahora ya tienen su familia”, comentó.

 

HEREDEROS
Sin duda que ejercer un oficio de esta envergadura requiere tiempo y paciencia, en el que numerosas veces la tradición queda en casa, traspasando los conocimientos de generación en generación.
“En mi caso no tengo hijos y siento que toda mi experiencia en este mundo se perderá (…) Me hubiese gustado tener un pupilo. Siempre he tenido la inquietud de dejar un legado porque me queda poca cuerda. Creo que no hay interés. Lamentablemente en Chile ya no existen escuelas de relojería y muchos que se dedicaban a este oficio lo dejaron cuando llegaron al mercado los de cuarzo”, indicó el relojero.

 

TIEMPO
Asimismo, sostuvo que el paso del tiempo “es lo más rápido que hay. Yo recuerdo que hasta hace poco tiempo tenía 50 años y hoy tengo casi 80. Es increíble lo que pasa”, puntualizando que “siempre he dicho que me gustaría ser la máquina del tiempo viviente”.

María Paz Yáñez

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