Carlos Bravo Amaya y Carlos Quesney Andrade son los protagonistas

Talquinos fueron por una nueva expedición extrema al Cajón del Melado

Dos exponentes del mon,tañismo asumieron otro reto, los Volcanes San Pedro, ubicado a 3 mil 626 metros de altura sobre el nivel del mar, y el San Pablo, a 3 mil 327 metros. El descenso lo realizaron esquiando

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Talquinos fueron por una nueva expedición extrema al Cajón del Melado

Durante las Fiestas Patrias gran parte de la población de Chile celebró esta festividad tan tradicional, sobre todo en esta parte del país.


Sin embargo, para el mundo del deporte los feriados son un momento oportuno para seguir entrenando y asumiendo nuevos desafíos.

 
Es por esta razón que dos exponentes del montañismo ocuparon esos días para asumir otra expedición, que en este caso fueron los Volcanes San Pedro, ubicado a 3 mil 626 metros de altura sobre el nivel del mar, y el San Pablo, a 3 mil 327 metros, los cuales están ubicados en el Cajón del Melado, región del Maule, a la altura de Linares.

 
“Este era el tercer año consecutivo que me internaba en esquís, con la intención de explorar y realizar actividades nuevas, dándole pie a la imaginación. Ahora que existía más conocimiento de la zona y claridad donde estaban las mejores condiciones para innovar”, comentó el talquino Carlos Bravo Amaya, quien junto a Carlos Quesney Andrade, fueron parte de esta aventura.

 
“Se trata de un amigo de montaña, quien fue un excelente complemento de la cordada, por su experiencia en esquí, fundamental al momento de tomar decisiones en el descenso, debido a que personalmente aún me cuesta asumir ciertos riesgos en esta disciplina tras mi accidente del 2015. Fue en esquí descendiendo el cerro Peine en Vilches Alto. Tuve dos años de licencia por una fractura de tibia y peroné expuesta”, agregó el maulino.

 
Es decir, la exigencia y el riesgo es mayor, pero estos exponentes nacieron para desempeñarse en esta disciplina. Ante las adversidades, estos montañistas se unen y aferran a los sueños que van teniendo y a la vez, cumpliendo.

 
Cada cierto tiempo se van colocando nuevos objetivos, para ello comienzan a planificar la siguiente hazaña.

 
El último desafío fue cercano, considerando que buscan la complejidad en el país y en otros puntos del mundo.

 

¿De qué trató esta nueva odisea?
“Tras las investigaciones y conclusiones de dos viajes anteriores junto a Diego Soza Garrido (2017) y 2018), decidimos internarnos por el Fundo Carrizales, que da acceso a la cara sur de ambas montañas, de las cuales no existe mucha información, más que un ascenso del Club Andino Alemán por el año 2011. Este acceso permite instalar un campamento entre los dos volcanes a una altura de 2 mil 200 metros y hace más factible poder realizar los respectivos descensos en esquí, por la ubicación estratégica y las acumulaciones de nieve que presenta esta cara”.

 

¿Qué les dejó esta nueva experiencia?
“Para llegar al Volcán San Pedro logramos realizar una ruta directa en la cara este con una graduación de poco difícil, que probablemente es una nueva ruta a la montaña o una variante de la del Club Andino Alemán (se desconocen los detalles exactos de la ruta) y el primer descenso en esquí de la cara este, el cual, lamentablemente, tuvimos que realizar 250 metros por debajo de la cumbre, debido a un frente de mal tiempo que se apoderó de la cumbre, cambiando drásticamente las condiciones de la nieve, que hacía peligroso aventurar un descenso, sumado a la visibilidad de 50 metros que disponíamos y los fuertes vientos, con ráfagas de 50 km/hora, por lo cual nuestro descenso fue bastante complejo. En tanto, en el caso del Volcán San Pablo logramos realizar una nueva ruta, por toda la arista oeste, con una graduación de difícil (con un paso de escalada de 10 metros con roca de mala calidad) y el primer descenso en esquí de la cara sur, que realizamos 70 metros por debajo de la cumbre, debido a que la arista oeste estaba impracticable”.

 

¿Con qué otras condiciones se encontraron?
“En primera instancia, menos nieve de la que esperamos para la fecha, pero es de conocimiento general la escasez de agua que presenta la zona. También las temperaturas bastantes oscilantes entre el día y la noche, pasando de realizar el ascenso en esquí con polera, a dormir entre los -5 y -10 grados, lo que influye directamente en la calidad de la nieve y las dificultades que pueda presentar el descenso en esquí y el día que realizamos la cumbre del Volcán San Pedro, la montaña nos recordó que existen inclemencias, como fuertes vientos, baja brusca de temperatura, escaza visibilidad”.

 

¿Qué los motiva a seguir en esto?
“La principal motivación es simplemente que es una actividad que nos apasiona y en la cual somos felices. Desde el punto de vista deportivo, nos motiva la exploración, hacer nuevas rutas, nuevos descensos en esquí, es una búsqueda natural del ser humano de ir más allá de lo conocido y dejar la puerta abierta para que las futuras generaciones continúen el trabajo”.

 

¿Hay temor en cada salida por lo que les pueda pasar?
“Esta salida tenía mucho de esto, principalmente, porque estábamos en una zona muy aislada, por lo que un rescate no sería rápido, además era terreno desconocido, estábamos realizando actividades nuevas. Todos estos antecedentes le otorgaban un grado de riesgo y dificultad mayor a la actividad, porque todo era nuevo”.

 

¿Qué medidas de seguridad son vitales para el éxito?
“Para estas situaciones hay que ocupar el equipo de búsqueda y rescate en avalanchas: arva, sonda y pala (obligatorios) y a esto sumarle una dilatada experiencia en el deporte y sus distintas disciplinas, para adentrarse en terrenos desconocidos y poder salir ilesos”.

 

¿Cuál es la clave para conseguir los objetivos?
“Siempre debe existir un equilibrio entre la preparación mental, física y técnica, Personalmente, la parte mental es vital, cuando uno está innovando y realizando ascensiones más comprometidas, además de tener un compañero que sea un complemento y, sobre todo, que exista amistad, porque en una situación compleja la vida de uno dependerá del otro”.

 

¿Cómo se distribuyen las funciones con el resto de la comitiva?
“Es equitativo y se da de forma natural. Por ejemplo, el que está más fuerte físicamente abre huella y después se va alternando, cocina quien menos agotado se encuentre y así entre otras cosas. Cuando existe amistad y comunicación las cosas fluyen de manera natural”.

 

¿Por qué optaste por este deporte extremo y no por otro?
“En mi infancia no fui muy deportista la verdad, prefería jugar videojuegos y comer, así que mi estado nutricional no me acompañaba mucho. Comencé a jugar fútbol, tenis de mesa e incluso pasé por unos años dedicado a la música, hasta que un día, a los 15 años, recibí una invitación del papá de un amigo Patricio Villela, quien me mostró este mundo, el cual desde pequeño me inquietó y comencé a aventurarme en él y no fue hasta el año 2010 que decidí incursionar en áreas más técnicas y extremas de la disciplina, pasando por la escalada en roca, escalar paredes de más de 400 metros, escalar en hielo, trail running, boulder y esquí. Específicamente cuando combino varias de estas disciplinas en una misma montaña encuentro mi conexión más fuerte con el presente y se pierde el temor de vivir y morir a la vez, son sensaciones bien personales, pero una manera sencilla de explicar. Es como la gente que va a misa los domingos y encuentra paz, yo voy a escalar complejas montañas”. 

 

¿Cuál es el mensaje para los exponentes que se inician en esta disciplina?
“Es una disciplina muy linda, que si sabes sacarle provecho te entrega muchos valores, como compañerismo, amistad, trabajo en equipo, respeto, cooperación, ser ordenado, disciplina, valorar y agradecer las comodidades del hogar, conocer nuevos lugares, nuevas culturas. Y con los años en esto, aconsejaría realizar cursos formales, con instructores capacitados, porque mi experiencia fue bien autodidacta, pero la verdad que la suerte estuvo de mi lado muchas veces, entonces si se puede evitar dejarle todo a la suerte, sería ideal”.

 

FUTURO
Tras esta pasada, Carlos Bravo Amaya y Carlos Quesney Andrade se preparan para el verano para lo que será un nuevo intento por escalar el Cerro Campanario, ubicado en el Paso Pehuenche y aún sin ascenso.
Después de varios años escalando en diversas cúspides y con distintas dificultades, es lejos la montaña más peligrosa de la zona, por eso, después de más de 50 años del primer registro de intento por ascenderla, todavía nadie lo ha conseguido. Estos maulinos quieren quebrar la historia.

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