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Editorial

Crisis política en Nicaragua

Es de esperar que los organismos internacionales presionen para lograr una solución negociada

Fecha: 18 de Julio 2018

La comunidad internacional ha ido expresando de forma creciente su preocupación por la ola de protestas en Nicaragua que ha dejado más de 350 personas muertas y una crisis sociopolítica de gran profundidad y difícil pronóstico.
Las manifestaciones contra el presidente Daniel Ortega se y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, se iniciaron el 18 de abril pasado, por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años consecutivos en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.
El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó de “inaceptable” la cantidad de muertos y el uso de la fuerza, y afirmó que es responsabilidad del Estado proteger a los ciudadanos.
El alto personero añadió que “es absolutamente esencial que cese inmediatamente la violencia, que se revitalice el diálogo político, porque solo una solución política es aceptable”.
El Departamento de Estado de EE.UU. condenó los recientes ataques contra estudiantes, periodistas y miembros del clero en Nicaragua y avisó al presidente Ortega de que cada nueva víctima en las protestas “mina aún más” su legitimidad.
Washington, que ha sido muy crítico con Ortega, reiteró su petición para que se celebren elecciones “anticipadas, libres, justas y transparentes” como vía para salir a la crisis.
El ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, aseguró que en Nicaragua “la situación va de mal en peor”.
El gobierno chileno se unió a la condena internacional e instó a “retomar los caminos del diálogo inclusivo y el inmediato cese de la violencia social, especialmente la represión por parte de organismos del Estado y grupos parapoliciales contra la población movilizada”.
Para Chile, “es extremadamente necesario reanudar los mecanismos de acercamiento y la búsqueda de caminos hacia la paz y la reconciliación” demandando además a las autoridades de Managua respeto por los Derechos Humanos y el fortalecimiento de la democracia y convivencia social.
Lamentablemente, la crisis sigue profundizándose y las noticias que llegan de Nicaragua no son alentadoras. Es de esperar que los organismos internacionales presionen en la búsqueda de una solución negociada, pero sin duda evitando la interferencia en los asuntos internos.
En todo caso, las declaraciones de la vicepresidenta Murillo no ayudan a resolver la crisis al señalar que ni el “terrorismo” ni los “diabólicos” podrán gobernar este país, demostrando las razones que han llevado a la grave situación actual.