50 años de la Reforma Agraria

Se trató de una iniciativa que cambió radicalmente las prácticas y relaciones en el campo chileno

04 Agosto 2017   10   Editorial   Gustavo Alvarado

Por estos días se ha recordado el medio siglo de la promulgación de la Ley que creó la Reforma Agraria, proceso que se había iniciado unos cinco años antes y que apuntaba a terminar con el latifundio y el inquilinaje, generando las condiciones para que la tierra fuera entregada a quienes la trabajaban. En este sentido, se establecía que ningún chileno podía conservar más de 80 hectáreas y en el caso que las tuviera, ese excedente debía ser expropiado y redistribuido.

Se trató de una iniciativa que cambió radicalmente las prácticas y relaciones en el campo chileno, las que se habían mantenido durante siglos y que establecían una suerte de servidumbre de los trabajadores hacia los dueños de la tierra.

Sin duda se trataba de una situación injusta, retrógrada y carente de humanidad, donde la mayoría vivía en condiciones de pobreza y sometimiento intolerables.

Aquel proceso despierta agudas contradicciones hasta el día de hoy debido a los múltiples errores y abusos que se registraron, pero a 50 años es posible advertir que tuvo consecuencias de gran importancia para el desarrollo del país.

Así lo plantea un documento emitido esta semana por la Conferencia Episcopal que recuerda el rol ético y moral de monseñor Carlos Larraín y el cardenal Raúl Silva Henríquez que acompañaron su implementación.

En el texto, se plantea que la mirada de la Iglesia sobre este proceso es “al mismo tiempo agradecida, crítica y esperanzadora”. Explica que “agradecida porque, tras una larga espera marcada por la marginalidad y la inseguridad, muchas familias campesinas accedieron a la propiedad de la tierra y con ella a una vida más digna y libre”.

Agrega que “es también crítica porque se avanzó hacia una redistribución más justa de la propiedad, pero no faltaron improvisaciones y aprovechamientos que generaron situaciones de confrontación y de violencia”.

Sin embargo, apunta que “el horizonte de nuestra mirada debe ser fundamentalmente esperanzador, porque muchos miles de pequeños y medianos propietarios conservan la tierra que recibieron, viven con dignidad y aportan a la vida, la cultura, el desarrollo social y económico de Chile”.        

En este mismo sentido, la Presidenta Michelle Bachelet recalcó que se trató del "proceso de transformación social más importante vivido por el país durante el siglo XX, aquel que terminó con un sistema de relaciones sociales injusto y arcaico".

Más allá de las visiones que se pueda tener sobre ésta, es innegable que la transformación social y económica que significó la Reforma Agraria permitió impulsar el desarrollo del sector silvoagropecuario del país, hasta transformar a Chile y, a la Región del Maule en particular, en un importante productor y exportador.