A 45 años del Golpe de Estado

Si no se hace justicia arriesgamos traspasar las herida del pasado a las nuevas generaciones

10 Septiembre 2018   3   Editorial   Gustavo Alvarado

Se acerca el medio siglo desde el quiebre de la democracia que vivió Chile el 11 de septiembre de 1973, cuando se derrocó por la fuerza al gobierno de la Unidad Popular, dando paso a una violenta y sistemática represión y eliminación de los opositores al nuevo régimen cívico-militar, involucrando en ello a agentes del Estado que -incluso- extendieron sus acciones delictivas fuera del territorio nacional.
A pesar del tiempo, la fecha continúa dividiendo a los chilenos, porque claramente cada uno tiene su opinión política y visión personal ante este hecho histórico. Lo importante, al respecto, es que los distintos sectores políticos han comprendido el valor intrínseco del respecto a los derechos humanos y nadie legitima las muertes y secuestros de miles de chilenos. No está de más recordar que aún se desconoce el paradero de muchos.
En este contexto, causa preocupación para la opinión pública que subsistan opiniones que tienden al “negacionismo” frente a realidades históricas indesmentibles, apuntando sus críticas al ejercicio de sistematizar y conservar para las futuras generaciones los recuerdos de la represión política. Así ocurrió recientemente respecto al Museo de la Memoria, polémica que le costó la salida a un ministro del actual gobierno.
Pero también es relevante tener en cuenta que una concepción moderna de los derechos humanos va mucho más allá de la acción represiva de agentes del Estado, reconociendo que falta mucho para hacer justicia y que las heridas el pasado continuarán hasta que los autores de delitos de lesa humanidad confiesen y entreguen el paradero de los cuerpos de los detenidos desaparecidos, para traer paz y consuelo a sus familias.
En la actualidad, cuando hablamos de derechos humanos, se apunta a grupos de riesgo o que tienen una mayor vulnerabilidad frente a una sociedad cada vez más segregada y que no reparte beneficios por igual a todos sus integrantes. Así ocurre a diario con los inmigrantes que sufren discriminación y deben soportar tratos degradantes; con las personas privadas de libertad que sobreviven en recintos penales donde la violencia y el abuso es pan de todos los días; y también los menores de edad que nacen en contextos sociales deprimidos y sufren contaminación criminógena desde temprana edad, sin que puedan visualizar otra forma de vida que no sea delinquir.
Por todo ello, cuando mañana se conmemoren los 45 años del Golpe de Estado, la opinión pública debe reforzar el valor de los derechos humanos y la democracia, como piedras angulares del Estado de Derecho y la sociedad moderna.