Accidentes que recuerdan el Chile a medias

Cada cierto tiempo, en zonas como la maulina, aparecen y se repiten denominaciones como “la ruta de la muerte”, “el camino maldito”, que adquieren su nombre a causa de la alta tasa de accidentabilidad.

30 Abril   116   Editorial   Gustavo Alvarado

La semana pasada se registró un triste y fatal atropello que quitó la vida de una adolescente de solo 15 años de edad. El hecho además de la tristeza en toda una comunidad, desató el enojo en los vecinos a causa de la inseguridad de la ruta en que ocurrió el accidente, denunciando, o más bien recordando que el lugar, especialmente de noche, es una boca de lobo al no poseer buena luminosidad, y carecer de aceras o ciclovías.


De hecho, los vecinos se tomaron la ruta y apuntaron los dardos contra el alcalde, quien por su parte respondió que desde hace rato que viene pidiendo a Vialidad y a Obras Públicas agilicen respuestas y soluciones a la peligrosidad de este camino que hasta hace algunos años era de tierra, y por ello con poco tránsito vehicular, pero que ahora posee alta densidad habitacional y por ello mayor movimiento, con lo que todo ello significa.


El accidente recordó que esta es una situación endémica de nuestra región al ser una zona eminentemente agrícola. Esto porque son cientos los trabajadores que cada mañana deben avanzar hacia sus labores en bicicleta, estudiantes que deben caminar o esperar locomoción en plena carretera, y vecinos que no les queda más que exponerse a accidentes con lamentables consecuencias, como ocurrió en este caso.


Pareciera que este es el resultado del que mucho denominan como el “Chile a medias”, en que se proyectan viviendas, una población, un nuevo pavimento, un avance, pero, por el tema de recursos muchas veces no se contempla acciones complementarias, como por ejemplo medidas de seguridad que minimicen los riesgos, y que permita a la gente evitar exponerse, por ejemplo, en las rutas circundantes.


Se entiende que los proyectos antes de ejecutarlos requieren de un estudio, pero para el común poblador es prácticamente incompresible que el sistema pueda tardarse años y más años en desarrollar ese análisis, y que cuando este se encuentra culminado haya que comenzar otro estudio para saber de dónde sacar los dineros para la ejecución de las obras.


Y así pasa el tiempo, con un Chile a medias, en que los vecinos deben salir a la calle a manifestar su tristeza e impotencia, y recién en ese momento activar mecanismos de respuesta y solución, una vez que la leche ya está derramada, y muchos llorando tras las consecuencias.


Cada cierto tiempo, en zonas como la maulina, aparecen y se repiten denominaciones como “la ruta de la muerte”, “el camino maldito”, que adquieren su nombre a causa de la alta tasa de accidentabilidad. Ello, por lo general como consecuencia de la irresponsabilidad de algún conductor, o el descuido del peatón y el ciclista.


Sin embargo, también y grado importante de injerencia lo poseen las rutas, especialmente secundarias, que carecen de medidas de seguridad que ayuden a evitar las cifras rojas y negras. El de la semana pasada, el de ayer, el del mes anterior, fue uno más de los accidentes con trágicas consecuencias, en una de las rutas interiores de la zona.


No fueron los primeros, ni tampoco los últimos, pero sí sirvieron para recordar una triste realidad, del Chile que se tarda en dejar de ser a medias, con las trágicas consecuencias que ello significa.