Adiós a la Madre Irene

El principal desafío será precisamente darle continuidad al legado que impulsó en vida la madre Irene, contexto en el cual existen una serie de desafíos aun por cumplir

21 Febrero 2017   528   Editorial   Gustavo Alvarado

Tras permanecer 47 años en nuestro país, el pasado viernes a los 89 años falleció la fundadora de la Congregación de las Hermanas del Buen Samaritano, madre Irene García de Prado. De profesión enfermera, tras arribar en 1970 desde su natal España primero a Talca, en 1978 siempre con la idea de querer ayudar a los “pobres y abandonados”, entre ellos los enfermos crónicos, se trasladó a Molina, ciudad donde impulsó la creación tanto de un hogar, que por estos días recibe a más de 400 pacientes, como de un policlínico.

Desde el domingo, sus restos mortales descansan en paz en la propia ciudad donde pudo concretar aquel sueño, el cual acogió a personas provenientes de diversos puntos del país, sin discriminar a nadie, muchos de ellos enfermos terminales “abandonados” sin el respaldo de una familia.

“No hay alegría más grande que la de servir a los pobres con amor” es el lema que ha marcado a quienes integran la aludida congregación, que ven a la figura de la madre Irene como su “segunda mamá”.

Al momento de su partida, muchos que la conocieron o sostuvieron algún tipo de contacto con ella, aseguran haber estado en presencia de una “santa”, cuya gran virtud, junto con entregar su vida por los más poseídos, fue “aunar los corazones solidarios” de muchísima gente, permitiendo darle luz a la aludida obra, la cual se ha sostenido con el paso del tiempo, principalmente sobre la base de donaciones de carácter particular, además de la realización de una serie de campañas.

A mediados del año pasado, por motivos de salud, la madre Irene pidió dejar de encabezar la congregación, entregándole la posta a la nueva Superiora General de las hermanas del Buen Samaritano, la madre Patricia Ibarra.

El principal desafío será precisamente darle continuidad al legado que impulsó en vida la madre Irene, contexto en el cual existen una serie de desafíos aun por cumplir. Uno de ellos fue expuesto por la propia alcaldesa de Molina, Priscilla Castillo, en el último adiós que se le entregó a la religiosa en la parroquia Nuestra Señora del Tránsito. A su juicio existe una “deuda” de parte del Gobierno con el legado que deja la religiosa, el cual debería ser subsanado con la entrega de algún tipo de aporte que permita costear los gastos que van de la mano con el funcionamiento del hogar y del policlínico.

A corto plazo además existe la intención de impulsar la construcción del que sería el cuarto pabellón del hogar, del cual hace algunas semanas se instaló de manera simbólica su primera piedra, pero sin disponer de los recursos que aseguren la totalidad de las faenas.