Alza de migrantes

Autoridades a nivel local reconocen la “explosiva” alza de migrantes, quienes en su mayoría provienen de países como Haití, Ecuador, Bolivia y Venezuela.

07 Febrero 2017   11   Editorial   Gustavo Alvarado

Lejos de ser un fenómeno más bien “puntual”, el aumento en el número de migrantes que ha arribado a Curicó pareciera presentarse como una tendencia que debería apuntar a una consolidación. Es cosa de darse una vuelta por el “casco histórico” para percatarse de dicho escenario, que parecía más bien reservado a ciudades chilenas que detentan una mayor población. Autoridades a nivel local reconocen la “explosiva” alza de migrantes, quienes en su mayoría provienen de países como Haití, Ecuador, Bolivia y Venezuela. De hecho, si en el 2014 en promedio, la Oficina de Extranjería de la gobernación atendía  a diario entre 30 a 50 personas, aquella cifra ahora oscila entre las 100 a 150 personas. Muchos de ellos, incluso llegan de madrugada al edificio de Servicios Públicos a fin de poder ser atendidos. Respecto a los trabajos que realizan se indicó que “más del 50% de los migrantes” que arriban a Curicó se desempeñan en labores “agrícolas”, un 30% en los transportes y un 20% en otro tipo de funciones. “La gente acude a Curicó, porque necesitamos de mano de obra en trabajos que, tal vez ahora, los curicanos y curicanas, ya no están dispuestos a realizar”, reconoció la gobernadora, Cristina Bravo, sobre dicha realidad, descartando la tesis que asegura que vendrían a “quitarle” puestos a quienes sí han nacido en estas tierras. “Yo creo que nosotros nos tenemos que preparar para convivir con la población migrante. Antes veíamos a un par de personas, pero ahora es distinto”, acota la máxima autoridad provincial, respecto al tema. Este nuevo escenario ha obligado a muchos servicios de carácter estatal a reforzar sus políticas, enfocadas a garantizar las condiciones laborales y sanitarias para tales personas. En ese contexto, se requerirá que aquellos organismos aumenten los controles para impedir que se presenten “abusos” sobre estas personas. Si bien a la fecha aún no existe un catastro que permita tener una noción respecto al número exacto o cercano de mano de obra migrante presente en la zona, tras una serie de fiscalizaciones, con la excusa que en el papel tendrían una mayor “disponibilidad de tiempo”, se ha detectado a empresas que presentaban jornadas en lo laboral más extensas, en lo particular, hacia los migrantes (sobre las 45 horas semanales). Aquella labor también se ha enfocado hacia la forma de pago de las respectivas remuneraciones. También es importante no dejar de lado las condiciones en las que estas personas residen considerando que se puede presentar alguna suerte de hacinamiento. Más allá de todo lo anteriormente expuesto, dejando de lado cualquier tipo de prejuicio, el respecto innato que debe existir hacia quienes han llegado a estas tierras buscando una oportunidad, no deja de ser un factor necesario de ser recordado.