Aniversario de la reforma agraria

Este proceso vino a cambiar la mentalidad de la sociedad generando una transformación que fue semilla del progreso y desarrollo.

22 Agosto 2016   6   Editorial   Gustavo Alvarado

La semana pasada se conmemoró en nuestra región el cuadragésimo noveno aniversario de la Reforma Agraria, proceso que introdujo profundos cambios sociales, políticos y culturales en el país.

La Ley N°16.640 de Reforma Agraria fue promulgada por el Presidente Eduardo Frei Montalva el 28 de julio de 1967 y causó gran impacto en el mundo rural de Chile y tuvo agudas repercusiones en todos los ámbitos de la vida nacional.

Hasta el día de hoy se discute sobre las consecuencias de aquel proceso, con sus aciertos y también con sus excesos.

El Ministro de Agricultura, Carlos Furche, planteó que  “hay miradas diversas de su evaluación, pero lo que me parece más relevante es que la Reforma Agraria permitió terminar con una estructura arcaica de organización de los procesos productivos. Se terminó la hacienda, terminó su hijo predilecto que era el inquilinaje, y eso abrió oportunidades para el mundo agrícola, como lo que es hoy día, el pilar de la economía chilena”.

Agregó que lo más importante lo constituyó  “dar dignidad a millones de compatriotas que antes de la Reforma Agraria eran ciudadanos de segunda clase”.

En ese sentido, apuntó que se deben aprender lecciones de esa historia, adecuarla a los desafíos que tenemos hoy y asumir que el país tiene temas pendientes en cuanto a cerrar las brechas de desigualdad que afectan a los chilenos.

En este sentido, el Intendente Meza dijo que en la región del Maule se intensificó el proceso ya que  “aquí se expropiaron muchas cantidades de hectáreas, se organizaron miles de campesinos y todos ellos han dicho que lo central de la Reforma Agraria, más allá de los cambios productivos y de la estructura de territorio, es la dignidad que alcanzó el campesinado”.

Sin duda, la Reforma Agraria respondió a las necesidades de un momento histórico en el que el mundo atravesaba por grandes transformaciones en los más diversos ámbitos y las personas comenzaban a adquirir conciencia sobre su rol y dignidad.

En nuestra región la calidad de vida del campesinado era ínfima y padecía de falta de oportunidades y acceso a servicios básicos. Hace casi medio siglo las condiciones eran duras y sin esperanza, manteniendo un odioso sistema que había perdurado por siglos.

La situación ha cambiado, pero el Maule se mantiene como una de las regiones con mayor ruralidad y con índices que todavía son menores a los del resto del país. De ahí que es necesario consensuar un modelo de desarrollo para nuestra región, con una mirada descentralizadora que tome en consideración las particularidades de esta zona. Esa es misión de los maulinos y maulinas, sin distinciones políticas, solo inspirados en el mejoramiento de todos quienes vivimos en esta tierra.