Cambiar el día de la elección

La gente no concurre a votar porque simplemente no le cree a la clase política, no porque no quiere perder tiempo de estar con la familia o dejar de hacer su rutina dominical. Y tampoco se interesará en ir a votar, aunque le ofrezcan “hacer la cimarra” en el trabajo.

08 Febrero 2017   2   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace un par de días, el senador Manuel José Ossandón presentó un proyecto de ley para cambiar la fecha de las elecciones presidenciales que actualmente se realizan los días domingo. La intención del parlamentario es traspasar los comicios a un miércoles, es decir, a un día hábil.

La iniciativa proviene de la intención de favorecer la participación ciudadana en los procesos eleccionarios, toda vez que en las últimas elecciones municipales realizadas en octubre de 2016, la abstención en las urnas marcó un récord con el 65% de los potenciales votantes sin concurrir a votar.

La propuesta de Ossandón agrega que “aquellos miércoles que corresponda efectuar una elección no tendrán el carácter de feriado legal, a fin de no impactar de manera negativa en la economía y la productividad nacional”, otorgándose un periodo de horas para que los ciudadanos puedan concurrir a las urnas.

El argumento para cambiar el día domingo es porque estaría consagrado para la reunión familiar y de amigos, para el descanso y el ocio, os implemente para labores domésticas. Es precisamente la falta de incentivos lo que hace que los votantes no concurran a cumplir con el deber cívico y se prefiere seguir con la rutina normal.

Otro elemento que expone el parlamentario gestor de la iniciativa es que un día miércoles está asociado en la cultura colectiva al trabajo, por lo tanto, el concurrir a votar sería como “sacar la vuelta” a cambio de, insistimos, cumplir con el deber cívico.

“Destinar media jornada para que los trabajadores acudan a sufragar es un incentivo a que se retiren antes de su puesto de trabajo. De esta forma, si ellos deciden destinar la tarde, significa que luego del almuerzo pueden ir al centro de votación y enseguida retirarse a sus hogares”. Eso es lo que dice el texto legal, por lo tanto, no es exagerado lo dicho un párrafo más arriba.

Lo que deja fuera el senador Ossandón es el real incentivo que pueden tener los ciudadanos, que es el contar con una buena clase política, aquella que sea transparente y verdaderamente apegada al sentido del servicio público y social, no aquella clase política donde abunda el concepto de la “sillita musical” o del “apernamiento”.

Tal como está la cosa hoy, la gente no concurre a votar porque simplemente no le cree a la clase política, no porque no quiere perder tiempo de estar con la familia o dejar de hacer su rutina dominical. Y tampoco se interesará en ir a votar, aunque le ofrezcan “hacer la cimarra” en el trabajo.