Cambio de gabinete

Parece que el viejo dicho “por la boca muere el pez” tiene más validez que nunca

11 Agosto 2018   5   Editorial   Gustavo Alvarado

Cinco meses después de iniciar su segundo mandato, el Presidente Sebastián Piñera realizó el primer ajuste en su gabinete, una reforma acotada y de poco calado marcada por la salida del ministro de Educación, Gerardo Varela, protagonista de varias polémicas.
El cambio de ministros, el segundo más prematuro desde 1990, no estaba en los planes del mandatario, que se vio obligado a dar un golpe de timón ante las salidas de tono de algunos de sus ministros, especialmente del ya ex titular de Educación.
Piñera anunció la destitución de Varela y de Alejandra Pérez en el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Marcela Cubillos, que era ministra de Medio Ambiente, asumió la cartera de Educación, y el escritor y hasta ahora asesor del Ejecutivo, Mauricio Rojas, lo hizo en Cultura.
Para el académico Raúl Elgueta, los cambios tienen una doble finalidad. “Por un lado fortalecer el liderazgo del presidente y por otro cambiar el ciclo en Educación con todas las movilizaciones feministas que hubo”.
También coincide con un descenso del apoyo a Piñera en las encuestas, por lo que el mandatario busca un cambio de rumbo pero con moderación, pues no ha alterado el equipo económico ni el comité político.
La salida de Varela de la cartera de Educación fue el principal hito del primer ajuste ministerial del presidente y lo precipitaron las estridentes declaraciones públicas del ahora ex ministro, un abogado que forma parte del círculo de amigos personales de Piñera.
En abril pasado, en medio del debate sobre la instalación de máquinas dispensadoras de preservativos en las escuelas, Varela dijo que él compraba los condones a sus hijos y afirmó que eran unos “campeones” porque necesitaban “más de tres”.
Unas semanas después, presentó a una asesora en materia de acoso sexual en centros de educación superior como alguien que había experimentado “esas pequeñas humillaciones” que el Gobierno quiere erradicar, lo que fue interpretado como una forma de minimizar el problema.
Su frase más cuestionada, sin embargo, llegó el pasado 21 de julio cuando instó a los colegios públicos chilenos a organizar bingos para recaudar fondos y mejorar la infraestructura.
“Todos los días recibo reclamos de gente que quiere que el Ministerio le arregle el techo de un colegio que tiene gotera, o una sala de clases que tiene el piso malo. Y yo me pregunto, ¿y por qué no hacen un bingo? ¿Por qué desde Santiago tengo que ir a arreglar el techo de un gimnasio?”, dijo entonces Varela.
Las críticas generalizadas a sus declaraciones acabaron por convencer a Piñera de destituirlo como ministro de Educación, un cargo que desde hace algunos años, con el fortalecimiento del movimiento estudiantil, se ha convertido en una trituradora de políticos.
El balance de esta jugada política revela, finalmente, que el lenguaje y las formas son importantes y que pueden sumar o restar. Parece que el viejo dicho “por la boca muere el pez” tiene más validez que nunca, aun en esta época digital.