Cambios en jefaturas policiales

Al menos la opinión pública puede descansar en que no ocurrirá lo mismo con la PDI, ya que el actual Prefecto Regional, Tomás Vivanco, seguirá en su cargo por segundo año consecutivo.

11 Octubre 2016   6   Editorial   Gustavo Alvarado

El abrupto anuncio de que el general, Félix Flores, actual jefe de la Séptima Zona Maule de Carabineros, pasará a retiro y no formará parte del alto mando 2017, llamó poderosamente la atención por cuanto, en términos estratégicos, viene a poner incertidumbre en la lucha contra el delito y la percepción de seguridad.

Ocurre que, más allá de la evaluación técnica que pueda justificar la decisión adoptada por el general director, Bruno Villalobos, en los últimos dos años no ha existido continuidad en la gestión de un jefe de zona. El general, Aldo Vidal, ni siquiera alcanzó a terminar su periodo el 2015 cuando debió trasladarse a Santiago.

Y ahora, cuando pasado un año el general Flores ya estaba imbuido de la problemática regional e incluso consiguió incorporar nuevos e importantes recursos a la labor policial en el Maule, con la llegada de un helicóptero y la instalación de una Sección Aérea de Carabineros, debe abandonar su cargo y acogerse a retiro.

Claramente es una mala señal para Carabineros, uno de los actores claves en el combate a la criminalidad y la prevención del delito. Ocurre que el nuevo jefe de zona, general Fernando Vera, proveniente de la Dirección de Fronteras y Servicios Especializados, deberá obviamente contar con un tiempo prudente para adaptarse.

Ello por cuanto todo jefe de zona tiene que conocer todos los cuarteles policiales de su jurisdicción y dialogar cara a cara con el personal, para que las instrucciones que provengan de su puño y letra sean correctamente incorporadas y aplicadas en terreno. Sumado a los cambios a nivel de prefecturas, comisarías y tenencias.

Todo ese complejo proceso, además de reuniones para dialogar, conocer y coordinar con las autoridades de gobierno y del sector justicia, requiere un tiempo no inferior a seis meses. Sólo a partir de allí podremos conocer realmente cómo será “la mano” del nuevo jefe de zona y evaluar los resultados en gestión y liderazgo.

Pero ocurre que cuando se venga el segundo semestre del 2017, otra vez puede haber un nuevo cambio, lo cual obliga al jefe de zona entrante a repetir una vez más todo el proceso. Esto claramente perjudica la labor de largo plazo de Carabineros que tiene un impacto directo en la vida diaria de los ciudadanos y sus familias.

Al menos la opinión pública puede descansar en que no ocurrirá lo mismo con la PDI, ya que el actual Prefecto Regional, Tomás Vivanco, seguirá en su cargo por segundo año consecutivo. Ello será claramente beneficioso para dicha institución, ya que permite dar continuidad a políticas de largo aliento en materia de seguridad pública.

Además, por fortuna en otras instituciones existe una continuidad respaldada por ley orgánica, como ocurre con el Ministerio Público, cuyo Fiscal Regional, Mauricio Richards, junto a su equipo directivo y de fiscales, tiene aún mucho que desarrollar para mejorar la persecución penal de delitos de connotación social.

Por todo ello, es importante que Carabineros no sólo transparente las motivaciones y fundamentos de los cambios cuando año a año se diseña el alto mando, sino también que las autoridades regionales tengan la opción de dar a conocer su opinión. Sólo así las regiones dejarán de ser una destinación de paso para los jefes policiales.