Carrera al sillón municipal

Gestionar la ciudad es mucho más que administrar un municipio.

04 Abril   46   Editorial   Gustavo Alvarado

A más de 18 meses para la elección municipal, la temperatura electoral va subiendo en la comuna de Talca, donde ya son varios los aspirantes que han manifestado públicamente su intención de competir por el sillón alcaldicio.
Ex seremis, actuales concejales, otrora funcionarios municipales y, por cierto, el actual jefe comunal, ya están caminando al punto de partida de esta carrera que, a la luz del actual escenario, pareciera ser que dejará varios heridos por el camino.
Eso en el escenario político, que siempre suele ser compleja a la hora de analizar posibles candidaturas y efectuar los cálculos necesarios para resguardar los debidos equilibrios en cada una de las coaliciones o pactos electorales, los que aún son prematuros de configurar.
Pero vamos al terreno que debiera importarle a la gente. Sean quienes sean los candidatos, lo relevante es que se comprometan realmente a ponerse al servicio de la ciudad, de sus habitantes y de sacar adelante las iniciativas que hagan de la capital regional una urbe de mejor calidad, pero para todos por igual, no para unos pocos, que, además, suelen ser los mismos de siempre.
La ciudad tiene carencias que no se condicen a una capital de región que posee el cuarto lugar del país en lo que a población se refiere. Una urbe cortada prácticamente en tres secciones, primero por la línea férrea y luego por la ruta Cinco Sur. Los problemas de conectividad aparejados con ello no han podido ser solucionados por ninguna administración municipal, independiente del color político que haya estado al frente. La última gran obra de conexión oriente-poniente fue la Alameda-2 Norte, hace ya más de una década.
No es lógico exhibir como logros la expansión de la ciudad hacia zonas como el oriente o el sector suponiente traspasando los límites político-administrativos con la comuna de Maule, cuando el casco céntrico ha ido quedando despoblado, con baja densidad de habitantes y una zona que, después del “horario de oficina”, simplemente muere. Se necesita que exista una visión que apunte a revitalizar el sector céntrico de la ciudad, que se recuperen los edificios que tras el terremoto solo han sido intervenidos por los mal llamado graffiteros en sus fachadas y no por Estado, porque poco interés se ha visto en recuperarlos.
Gestionar la ciudad es mucho más que administrar un municipio. Se debe tener voluntad de sentar las bases de un verdadero desarrollo, a riesgo de ser impopular, y no solamente seguir cumpliendo un rol asistencialista de coordinar viajes o entregar subvenciones.