Caso de Aylin, un llamado de alerta

Ya no basta con instalar retenes o comisarías en la entrada de los barrios más vulnerables, sino que se debe hacer una intervención más profunda.

19 Febrero   19   Editorial   Gustavo Alvarado

La detención de un quinto supuesto involucrado en el asesinato de Aylin Fuentes, la joven cuyo cuerpo fue encontrado flotando en el río Claro posterior a las fiestas de fin de año, abre un nuevo capítulo, esperanzador para la familia de la muchacha, de poder ir articulando de mejor manera el puzzle policial en que se había transformado este caso desde un comienzo.
Si bien la detención, primero de tres hombres (menores de edad) y una mujer (18 años recién cumplidos), y ahora de este sujeto que se encontraba prófugo, abre las esperanzas a la familia para que comience a hacerse justicia. Si bien faltaría un presunto sexto implicado, para el círculo más cercano de la víctima, el “Chundo” podría ser un testigo clave para terminar de configurar el real motivo que gatilló la orden para tal brutal asesinato.
En medio del dolor, queda para la familia el doloroso contexto en el que estaba involucrada Aylin, aquel que habla de consumo de droga y vulnerabilidad social. Sin duda, un elemento para la reflexión, no solo del entorno de la joven, sino que de la comunidad en general.
¿Qué estamos haciendo mal como sociedad para que los adolescentes y también niños estén optando por caminos asociados a conductas ilícitas? La semana pasada, prácticamente de manera consecutiva, dos adolescentes resultaron baleados en Talca, ambos heridos por balas que provenían de autos en movimiento, al más puro estilo gangsteril. No vamos a nombrar el sector donde ocurrió porque no se trata de estigmatizar un barrio o población donde, por cierto, también habitan personas de bien.
Hay mucho por hacer. Ya no basta con instalar retenes o comisarías en la entrada de los barrios más vulnerables, sino que se debe hacer una intervención más profunda. La droga y las bandas delictuales no deben estar por sobre los espacios recreacionales, las escuelas y parques donde la comunidad conviva mejor. El temor no puede ser el mejor aliado de unos pocos para adueñarse de los territorios que les pertenecen a todos.
El crimen de Aylin es brutal. No solo por la forma en que se ensañaron sus victimarios con ella, sino que lo es porque la sociedad ha permitido que se llegue a ese extremo con una joven que estaba recién empezando a vivir.
Que el caso de esta joven sirva para reflexionar sobre la necesidad de estar presentes, no solo como entorno más cercano de los niños y adolescentes, sino como una sociedad en conjunto que no quiere tener que seguir recogiendo los cuerpos de aquellos que caen en desgracia.