Cien años de Violeta

Su visión del arte tiene una dimensión universal, capaz de traspasar las fronteras geográficas, idiomáticas, culturales y del tiempo.

04 Octubre 2017   4   Editorial   Gustavo Alvarado

Hoy se conmemoran los cien años de Violeta Parra, probablemente la artista popular más destacada de nuestra historia y reconocida internacionalmente. Su legado ha perdurado hasta el día de hoy y su figura se agiganta con el paso del tiempo, adquiriendo una dimensión asombrosa.

Durante su laboriosa y fructífera vida abordó las más variadas disciplinas y expresiones artísticas, incluyendo danza, música, creación audiovisual, artesanía, artes visuales, diseño gráfico, fotografía y literatura, entre otras.

Nació en San Carlos hija de Clarisa Sandoval, campesina, y de Nicanor Parra, profesor de música. A los diez años se traslada con su familia a Chillán, donde se inicia en la guitarra y el canto junto a sus hermanos Hilda, Eduardo y Roberto.

Por insistencia de su hermano Nicanor, Violeta se traslada a Santiago para asistir  a la Escuela Normal, donde tras un tiempo deja sus estudios para trabajar con sus hermanos. Los Parra cantan en boliches del barrio Mapocho. Interpretan boleros, rancheras, corridos mexicanos y otros estilos.

Ya casada y con sus hijos Isabel y Angel se une a una compañía de teatro que realiza giras por todo el país. Canta canciones españolas y se hace llamar la Violeta de Mayo. Luego trabaja en circos populares. Impulsado por su hermano Nicanor comienza a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folclórica chilena. Abandona su antiguo repertorio y realiza recitales en las universidades.

En 1953 compone sus primeras canciones basadas en las formas folclóricas tradicionales. Al año siguiente viaja por primera vez a Europa invitada al V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Varsovia. Desde allí se traslada a París, donde residirá durante dos años, realizando incontables presentaciones y contactos para la difusión de su trabajo.

De ahí en adelante realiza incontables viajes tanto en Chile como en América y Europa donde va dejando una huella imperecedera de su genio en diversas disciplinas artísticas.

Su visión del arte tiene una dimensión universal, capaz de traspasar las fronteras geográficas, idiomáticas, culturales y del tiempo. Si bien siempre vivió de forma  modesta, su residencia fue el mundo que a casi 50 años de su muerte aún se rinde a sus pies.

Sus canciones y poemas han sido traducidos a muchas lenguas y no hay artista destacado que no haya interpretado alguno de sus temas.

Sus canciones son verdaderos himnos a la vida, y a las personas y cosas sencillas de cada día. Ahí está la clave de su trascendencia: ha sabido interpretar a tantos millones de seres humanos que no tienen voz y que se encuentran en sus creaciones