Conciencia sobre el autismo

Existe una escasez de profesionales que conozcan y manejen este tema

05 Abril 2018   7   Editorial   Gustavo Alvarado

La Asamblea General de Naciones Unidas instauró el 2 de abril como Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo. Cada año, se realizan actividades que permitan dar a conocer este trastorno a la sociedad y visibilizar las necesidades de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y sus familias.
En distintas ciudades del país se realizaron actos conmemorativos, los cuales cada año son más masivos, mostrando una realidad que pocos quieren aceptar, donde el Estado tiene una tarea pendiente de trabajar para que las numerosas barreras a las que se enfrentan las personas con autismo, desaparezcan y garanticen el derecho fundamental de formar parte de manera plena en esta sociedad.
Nos acordamos de las diferencias y la inclusión sólo cuando Don Francisco inicia la campaña de la Teletón. Pero una vez que se alcanzó la meta, continuamos con la rutina y, una vez más, seguimos siendo indiferentes frente a quienes tienen necesidades diferentes o que están en situación de discapacidad. Incluso los discriminamos, los apartamos y, en algunos casos, ridiculizamos ese ser distinto.
Ser TEA no es estar enfermo. Sólo en EE.UU. afecta a 1 de cada 88 individuos, se da más en hombres que en mujeres en proporción de 4 a 1, sin distinción social. Una temprana intervención mejora el pronóstico, pues al ser una “condición” va variando con al menos 29 horas mensuales de intervención terapéutica.
La realidad en Chile sólo la conocen los padres -y familiares- de estos niños. Algunos se han reunido, logrando realizar sus propias investigaciones, dando como resultado que sólo en Santiago podrían vivir 48.000 personas con TEA; donde sólo el 10% de ellas tienen acceso a la intervención terapéutica que requiere esta condición: con siquiatra, neurólogo, fonoaudiólogo, terapia ocupacional, psicopedagogía. El 90% restante no tiene acceso por el alto costo que involucra.
Existe una escasez de profesionales que conozcan y manejen este tema, situación que se agrava en el sistema público, lo cual hace imposible que los casos se detecten a tiempo, para brindar la atención adecuada a los niños y sus familias. Por ello, los diagnósticos son tardíos y muchos niños aún son catalogados con déficit atencional, por deficiencia en las evaluaciones previas.
Además, los padres tienen que enfrentar a un sistema educacional no apto para recibir a personas TEA, el cual es restrictivo y muchas veces discriminador. Probablemente el 95% de los niños con autismo tengan problemas en el colegio y el 5% restante logrará sortear el periodo escolar satisfactoriamente, siendo principalmente los niños con Asperger o con Autismo de alto funcionamiento quienes mejor lo hagan. De ese porcentaje unos pocos podrán abrir puertas, pues no es algo que lo asegure el Estado, sino que dependerá de los recursos de los progenitores, quienes caminan solos en el tratar de que la sociedad los acoja y que el Estado de una vez por toda garantice sus derechos fundamentales.