Cuestión de criterio e interpretación

Una norma que nació para una realidad en Santiago, terminó por generar sus efectos “racimo”

03 Abril 2018   3   Editorial   Gustavo Alvarado

Hace un tiempo la autoridad de vivienda y urbanismo emitió para la comuna de Estación Central, en Santiago, una norma que ha buscado enfrentar la proliferación de edificios habitacionales de altura, los que según sus características se fueron convirtiendo en un rentable negocio para las constructoras y, en paralelo, en verdaderos “ghettos” de hasta 40 pisos, para albergar en escasos metros de espacio a cientos de personas, con precarias condiciones.
La norma DDU 313, circular 203, emitida en mayo del 2016 persigue colocar más condiciones a los nuevos edificios de altura en esa comuna de Santiago precisando, que “si un plan regular comunal (plano Regulador) no establece una altura máxima de edificación continua, no se puede aprobar este tipo de edificación en esa comuna”, lo que cierto modo ha paralizado ese sistema de construcción, calificado como de baja calidad habitacional.
Hasta ahí el problema quedaba dentro de las “4 paredes del gran Santiago”, no presagiándose que a algún cerebro de urbanismo se le iba a ocurrir hacer extensiva la norma a regiones y provincias, donde hay características diferentes a considerar, como más espacios y menos personas por metro cuadrado y que, además, muchas comunas en sus Planos Reguladores no especifican las alturas de los edificios a construir, o en construcción.
Así, en este escenario, varios Directores de Obras Municipales, en distintas comunas, ante la norma clara y expresa del Minvu, decidieron colocar freno a la entrega de estos permisos, a la espera que la definición de las alturas de los edificios sea incluida en el correspondiente Plano Regulador, olvidando un pequeño “detalle”: que para incluir ese dato se requieren de varios años, los mismos que necesita este instrumento para su elaboración o modificación.
Así, los arquitectos y constructores están con dolor de cabeza, a causa de proyectos de edificios que están detenidos, a merced del criterio del Director de Obras respectivo, que en sus manos tiene dos caminos: acatar fielmente la norma en cuestión, o interpretar que los planos reguladores sí poseen las herramientas, a través de ecuaciones, para definir la altura de los edificios, esto último que es lo que se ha hecho por años, en muchas comunas.
Así las cosas, dicen los expertos, hoy la facultad decidir en torno al desarrollo urbanístico de algunas ciudades está en manos de algunos pocos, y más bien del criterio e interpretación que estos profesionales puedan darle a una norma que nació para una realidad en Santiago, y que terminó por generar sus efectos “racimo” a varios kilómetros de distancia, siendo también alcanzada nuestra región, y algunas de nuestras ciudades.