Cuidar la democracia

Un escenario que debe servir para valorar nuestro sistema democrático, con sus luces y sombras, además de cuidar las instituciones y la convivencia cívica.

10 Marzo   18   Editorial   Gustavo Alvarado

Un sistema democrático sano, representativo, ético, es aquel que es capaz de resolver los conflictos sociales recurriendo a las herramientas políticas e institucionales definidas claramente en las cartas fundamentales de cada Estado. Un sistema que entregue espacios de participación a todas las ideas, pero que defina los límites de la convivencia social.
¿Cuándo un sistema democrático comienza a mostrar señales de fatiga, de que algo no está funcionando correctamente? Cuando, por ejemplo, el gobernante de turno piensa que es mejor cambiar las reglas y buscar, con medidas seudo participativas y autodefiniéndose defensor del pueblo, perpetuarse en el poder.
Toda norma es perfectible, pero no toda corrección es irreprochable. El buen gobierno no puede remitirse exclusivamente a lo económico, aunque casos como el de China, con una influencia productiva indiscutible a nivel mundial que soslaya sus grietas democráticas y de Derechos Humanos, promuevan un orden internacional hipócrita y acomodaticio.
Cambiar la Constitución, llamar a plebiscitos, bajo la excusa de defender los intereses del pueblo, de los más desposeídos, es solo una maniobra mezquina que esconde un ansia de poder que algunos no alcanzan a ver o, derechamente, no quieren ver.
España ha tenido en los últimos años conflictos políticos y sociales que han puesto a prueba su sistema democrático. Autoridades salpicadas por casos de corrupción y demandas independentistas han tensado las relaciones de Gobierno y sociales. Sin embargo, los conflictos se han ido resolviendo dentro de los márgenes establecidos por las normas vigentes.
En otros países, en cambio, los conflictos han devenido en un dramático espiral de descomposición social y económica que, en su etapa más visible e internacional, ha provocado un éxodo ciudadano pocas veces visto.
Estamos hablando, obviamente, de la situación que se vive en Venezuela, un drama del que Chile ha sido protagonista con la llegada de miles de migrantes de este país y, además, con la postura asumida por el Presidente Sebastián Piñera de irrestricto apoyo a Juan Guaidó, presidente encargado, y, consecuentemente, de rechazo al régimen de Nicolás Maduro.
Un escenario que debe servir para valorar nuestro sistema democrático, con sus luces y sombras, además de cuidar las instituciones y la convivencia cívica. Chile ya vivió una crisis que dividió al país y dejó una cicatriza que ha sido muy difícil de borrar.
En el fragor de las diferencias partidistas se suele perder el rumbo. La democracia, como toda relación, hay que cuidarla.