Cumbre contra la pederastia

Fiscalía investiga 148 casos de presuntos abusos sexuales cometidos por personas vinculadas a la Iglesia católica (…)

26 Febrero   20   Editorial   Gustavo Alvarado

El pasado fin de semana, en el Vaticano se llevó a cabo una espera cita en la cual los presidentes de las conferencias episcopales, para tratar la protección de menores de abusos sexuales al interior de la Iglesia. De aquel encuentro, el Papa Francisco anunció una serie de medidas que, por cierto, encontraron el descontento en agrupaciones de víctimas por cuanto consideran que son insuficientes.
Cabe recordar que, a dicha reunión, en el caso de Chile, asistió el secretario de la conferencia episcopal dado que el presidente está siendo procesado por encubrimiento de abusos.
Como contexto, hay que señalar que, en Chile, actualmente, la Fiscalía investiga 148 casos de presuntos abusos sexuales cometidos por personas vinculadas a la Iglesia católica, mientras el número de víctimas asciende a 255, según los más recientes datos del Ministerio Público.
En lo concreto, se puso el acento en la necesidad de escuchar a las víctimas; así como también la mayor participación de los laicos en este frente y la necesidad de invertir en formación y en la prevención. En lo específico, el Papa Francisco presentó 21 propuestas que, según el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, son “una hoja de ruta”.
Pero está claro que estas medidas no han sido vista con buenos ojos en quienes padecieron los abusos amparados en el seno de la institución católica. Sin ir más lejos, la Red Sobrevivientes de Abuso cometidos en entornos eclesiásticos de Chile calificó la cumbre celebrada el Vaticano como “una tardía movida de marketing donde abundan las palabras altisonantes”.
A juicio de la organización, faltan medidas concretas que terminen con décadas de sistematizar el abuso y sus redes de protección al interior de la iglesia.
Uno de los procedimientos que fueron destacados está la creación de un “vademécum práctico” que establezca los pasos que la Iglesia debe seguir tras una denuncia, crear estructuras de escucha y colaborar con los medios de comunicación, entre otras.
A grandes rasgos, una cumbre que saca conclusiones y medidas que parecen obvias y que no serían suficientes porque ya no estamos hablando de casos aislados, sino que de una conducta sistemática al interior de la iglesia en cuanto a los abusos y a los encubrimientos. Esto requiere de acciones más profundas.
Por ello, son absolutamente válidas las críticas de las víctimas chilenas, quienes dijeron que “son medidas ya existentes, mecanismos obsoletos que sólo buscan blindar a la institución, a sacerdotes y monjas abusadores, atentando nuevamente contra de las víctimas, a las que se les niegan los más elementales derechos y garantías de un debido proceso”.