Del horror a la memoria

De acuerdo a antecedentes recopilados, por ejemplo, en los Informes Rettig y Valech, este inmueble fue identificado como un centro de prisión política y tortura.

24 Diciembre 2018   10   Editorial   Gustavo Alvarado

A veces la memoria no quiere recordar el horror. El dolor de una experiencia traumática es algo que muchos quieren olvidar para siempre. Hay personas que lo bloquean y llevan la pena como un fantasma, sin saber por qué sienten esa opresión, ese miedo, esa angustia.
Olvidar se transforma en un mecanismo de defensa. Sin embargo, lo paradójico es que sin esa memoria es posible que el horror vuelva a repetirse. Hace falta recordar para educar el sentido ético de la vida humana, aunque duela y los hechos sean versiones oscuras de las sociedades modernas.
Por eso existen los espacios que conmemoran tragedias tan contundentes y macabras como, a nivel mundial, el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial; y, a nivel nacional, los atropellos a los derechos humanos en la dictadura tras el golpe militar de 1973.
En ambos casos, recordar es una necesidad que, respetando el dolor individual del agredido, de su familia, fundamenta el futuro de las sociedades. Porque una sociedad que olvida sus errores está condenada a repetirlos, parafraseando al filósofo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana que acuñó la frase: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.
Por ejemplo, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos cumple justamente esa misión respecto a los horrores cometidos en Chile durante la dictadura. El mismo campo de Auschwitz es hoy memoria de la tragedia de la humanidad a manos de Hitler y su régimen nazi.
Recientemente, se confirmó la declaración de Monumento Nacional, en la categoría de Monumento Histórico, de la casa ubicada en la calle Ignacio Carrera Pinto N°262, en Parral, propiedad de la Colonia Dignidad entre 1974 y 1977, y en donde operó la DINA, el emblemático órgano represor de la dictadura.
De acuerdo a antecedentes recopilados, por ejemplo, en los Informes Rettig y Valech, este inmueble fue identificado como un centro de prisión política y tortura.
Myrna Troncoso, coordinadora de Agrupaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de Talca, Parral y Linares, fue muy clara al momento de comentar la noticia. Para ella, la conservación y resguardo patrimonial de este inmueble constituye un paso clave para la transmisión de este pasado a las nuevas generaciones.
“Esperamos que esta casa se convierta en un espacio de memoria y educación al servicio de los valores democráticos y el ‘Nunca más’”, dijo resumiendo perfectamente el sentido ético de recordar.