Diálogo y discusión cívica

El llamado a las partes es, junto con reconocer sus legítimas aspiraciones, a empatizar con su contraparte, a entender que el diálogo debe primar en un espacio cívico de discusión.

02 Noviembre a las 00:30   85   Editorial   Gustavo Alvarado

Es evidente la falta de entendimiento entre el Gobierno y la ciudadanía, a estas alturas organizada a través de diferentes instancias sociales, a la hora de dar el puntapié inicial al diálogo que permita encontrar el camino hacia la solución de la crisis.

 

 

Se han dado pasos, de uno y otro lado. Y en ese contexto, los cabildos o los diálogos ciudadanos (opción levantada por el gobierno local) aparecen como la primera forma de sistematizar una posible ruta de acercamiento.

 

 

Sin embargo, no se ha logrado dar con el protocolo adecuado, trabándose el diálogo en posturas que parecen inflexibles.

 

 

Una muestra obvia de esta situación fue lo sucedido a propósito del llamado que hizo el intendente regional, Pablo Milad, a participar de un diálogo ciudadano, instancia a la que, efectivamente, asistió una importante representación de la sociedad civil, gremios, academia e instituciones. Pero de la que, también, fueron excluidos otros agentes sociales, los que no han dejado de criticar la forma y el fondo del llamado, restándole legitimidad.

 

 

En dicha actividad, Eliana Adams, dirigente estudiantil de la Universidad de Talca, criticó que el diálogo se realizara a “puertas cerradas”, dejando afuera a otros integrantes de la sociedad civil. Adams también expresó su opinión de pedir la renuncia del intendente Milad, por considerar que recaía en él la responsabilidad política por la muerte, durante las manifestaciones, de José Miguel Uribe en Curicó.

 

 

Postura a la que se sumó Leopoldo Morán, vocero del movimiento No+AFP de Talca, quien acusó que mientras realizaba su intervención, el seremi de Transportes se retiró de la actividad. Momentos después, la autoridad se disculpó por su actuar.

 

 

La respuesta del intendente es decidora. “De esa forma tan agresiva no creo que vamos a llegar a una conversación”, dijo respecto a las críticas en su contra.

 

 

A estas alturas uno podría entender el apasionamiento, especialmente de parte quienes han llevado el mayor peso del movimiento ciudadano en las calles. Mientras que las autoridades aun no logran dar con el discurso que, efectivamente, entregue garantías al movimiento social.

 

 

Un acercamiento que, por el interés de Chile y los chilenos, debe promoverse sin vetos ni límites autoimpuestos.

 

 

El llamado a las partes es, junto con reconocer sus legítimas aspiraciones, a empatizar con su contraparte, a entender que el diálogo debe primar en un espacio cívico de discusión.

 

 

El primer paso en esa ruta debe darlo el Presidente. Una postura clara en ese sentido será el camino que las autoridades regionales deberán seguir.