Dignidad para personas en situación de calle

Es necesario llevar adelante iniciativas globales e integrales que formen parte de una política pública sustentable en el tiempo.

26 Septiembre 2017   12   Editorial   Gustavo Alvarado

Una dura realidad ha quedado en evidencia luego de la entrega de los datos recopilados por el Registro Social Calle desarrollado por el Ministerio de Desarrollo Social tras un año de trabajo en terreno. En la Región del Maule hay 348 personas en situación de calle, todos ellos identificados con nombre, RUN y lugar donde habitualmente habita.

En la región el 42,8% se encuentra en Curicó, el 27,9% en Linares, el 25,3% en Talca, el 3,4% en Molina y el 0,6% en Romeral. El 90% corresponde a hombres y el 10 restante a mujeres. Respecto a las edades, en los hombres la mayor cantidad de la población tiene entre 30 y 59 años (74,2%), mientras que las mujeres entre 30 y 44 años (52,6%).

Un dato relevante es dónde pasaron la noche anterior al momento de ser entrevistados. El 63,2% reconoce haber dormido en un dispositivo público-privado y un 36,8% en una caleta o punto calle.

Dentro de los motivos que los entrevistados indican como las principales causas de su situación de calle, el 81% asegura haber llegado a la calle por problemas con su familia o pareja; el 6,9% por consumo problemático de alcohol y drogas; y por problemas económicos el 6,3%.

En promedio, las personas registradas tienen 10,3 años de permanencia en la calle. Del total, el 35,6% señaló llevar entre diez años y más.

El seremi de Desarrollo Social, José Ramón Letelier, explicó que este registro permite diseñar e implementar políticas públicas para este sector. Apuntó que sobre esta base se definieron tres grupos prioritarios para intervención social: adultos mayores  que no tienen Pensión Básica Solidaria (PBS) ni Aporte Previsional Social (APS); personas con dependencia moderada o severa sin PBS y/o APS por vejez; y  personas sin Registro Social de Hogares.

Se trata, sin duda, de una realidad acuciante que obliga a la sociedad entera a plantearse frente a las personas en situación de calle, más allá de las circunstancias que los llevaron por ese camino.

Hay una responsabilidad colectiva frente al imperativo moral de velar porque cada ciudadano tenga el acceso a los servicios necesarios para preservar su salud tanto física como metal, además de su dignidad como personas.

Hay encomiables iniciativas desarrolladas por instituciones como el Hogar de Cristo, que tienen una preocupación preferente por los excluidos. Sin embargo, es necesario llevar adelante iniciativas globales e integrales que formen parte de una política pública sustentable en el tiempo.

Nuestros hermanos más desvalidos necesitan de nosotros. No se trata de una visión asistencialista, sino que una acción profundamente humana que respete su dignidad y les brinde las herramientas necesarias para superar su condición y lograr un estándar de vida decoroso.