Donación de órganos: cifras, leyes y educación

Salvar la vida de una o varias personas, gracias a la donación de órganos, es un asunto básico de derechos humanos.

29 Septiembre   187   Editorial   Gustavo Alvarado

A veces las leyes chocan con la realidad, una realidad compleja, difícil de descifrar. Por más buenas intenciones que apunten al bien común, la diversidad de ideas y valores de las personas hacen que las normas no siempre cumplan su objetivo.


Es lo que sucede, por ejemplo, con los resultados de la Ley 19451, promulgada en el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en 1996, y sus posteriores modificaciones que buscaban, por una parte, regular el proceso de trasplantes y donaciones, pero también ajustar los cabos sueltos de un reglamento que, sin la efectiva voluntad de la ciudadanía, no va a tener el impacto deseado en una materia, convengamos, de suma importancia.
Porque salvar la vida de una o varias personas, gracias a la donación de órganos, es un asunto básico de derechos humanos.


Lamentablemente, las cifras señalan que la ley no ha generado un mayor número de donantes. Situación que a comienzos de este año se intenta mejorar con una nueva modificación a la Ley 19451, para precisar la voluntad del donante fallecido.
En específico, la modificación permite a las personas que actualmente se encuentran en la lista de no donantes, ratificar si permanecen en este listado por medio de una declaración ante el Servicio de Registro Civil e Identificación, un notario público o el funcionario respectivo al momento de solicitar la renovación de la cédula de identidad o de la licencia de conducir.


Chile posee bajas tasas de donación, con un índice histórico de unos 130 donantes efectivos por año, lo que equivale a índices de entre 7 y 8 donantes por millón de población.
Si bien el 2017 se alcanzó un leve aumento (10 donantes por millón de población), los números siguen lejos de los mostrados por otros países como España donde se promedian 43 donantes por millón de habitantes. O de Croacia y Portugal (40), Estados Unidos (26); Uruguay, Argentina y Brasil (18).
Las cifras, se sabe, son frías. Las leyes también pueden llegar a serlo. Es por eso que se requiere humanizarlas a ambas. Detrás de un número y de una normativa hay personas. Seres humanos con sus respectivas historias y conductas de acuerdo a esos antecedentes personales.
Por eso es tan difícil llegar a un equilibrio, no solamente respecto a la donación de órganos, sino en relación a distintos ámbitos que definen nuestra convivencia social.


Sin embargo, en ese contexto de diversidad y, muchas veces, de desconocimiento, la educación es una variable a tener en cuenta. Una campaña de información sostenida en el tiempo, abarcando ámbitos sociales diversos, puede dar significado a porcentajes y leyes.