El aula también ha cambiado

La posición del profesional de la educación hoy debe ser distinta.

19 Junio 2018   10   Editorial   Gustavo Alvarado

Atrás, bien atrás, quedaron aquellos años de escuela en que ante cualquier barullo o desorden en la sala el profesor podía enviarte fuera del aula, incluso hasta dar un leve golpe con la regla en la cabeza, lo que entoces se ajustaba a un supuesto adecuado sistema para velar por el orden y la disciplina en el alumnado, y con ello a la vez mantener inalterable la autoridad del docente.
Los tiempos han cambiado, y pareciera que también la modalidad para mantener ese orden entre los alumnos de un curso, más aun cuando estos son numerosos, y por ende el ambiente es un poco más revoltoso que lo habitual. Frente a este escenario las decisiones del profesor, hoy, se tornan complejas a la hora de mantener su rol de líder del aula, enfrentando incluso, sin querer, la posibilidad de vulnerar los derechos de los niños.
Hace solo un par de días dos episodios en nuestra región dejaron al descubierto lo feble que puede ser la relación entre el docente, un alumno y los apoderados, y más en tiempos de redes sociales. Ello muestra que los tiempos han cambiado, pero no así los protocolos para enfrentar los conflictos que pudieran generarse.
En Romeral un niño inquieto, de 8 años, pareciera colmó la paciencia de una profesional de la educación, por lo que pidió el apoyo de un paradocente, quien no encontró nada mejor que dejar al niño sentado afuera de la sala de clases, y precisamente en una mañana en que hacía mucho frio, episodio que fue captado por una cámara de uno de los compañeritos, desatando la hoguera del cuestionamiento en torno al colegio.
Horas antes en San Javier, un menor de 6 años, en un ataque de furia terminó obligando a los docentes a llamar a carabineros para que se calmasen los ánimos. Todo fue captado por las redes sociales las que como en el caso anterior dejó caer la guillotina de la crítica sobre el establecimiento educacional.
Ello dejó claro que hoy el ambiente es más sensible sobre todo cuando anda una cámara suelta en las cercanías. Pareciera que ya no es tan plausible la posibilidad que ante un desorden el profesor pueda dar un “reglazo” al alumno, o enviarlo al patio cuando hace mucho frío, o mucho calor, y ni pensar dejar al niño parado contra la pared como eventual sanción.
Algunos de estos “castigos”, practicados hasta unas dos décadas atrás, han sido reemplazados por los hoy denominados protocolos de convivencia que buscan fomentar la reflexión, el dialogo, la conversación por sobre medidas de presión o de eventuales vulneraciones a los derechos del niño y del estudiante, lo que da cuenta que la posición del profesional de la educación también hoy debe ser distinta.
Los tiempos han cambiado, también la mirada social de lo que ocurre al interior de la escuela o colegio, y lo ocurrido la semana pasada en dos planteles maulinos así lo deja en evidencia.