El complicado ordenamiento de la Feria de Las Pulgas

Desde su nacimiento, hace más de dos décadas es que esta feria ha estado en la mira de las autoridades de turno, de las policías, y de otros organismos públicos.

23 Octubre 2018   10   Editorial   Gustavo Alvarado

No habrá pie atrás, sí un proceso de normalización. Esa ha sido el enfático anuncio de la autoridad de Gobierno y del municipio, en torno a comenzar con un ordenamiento concreto en la Feria de la Pulgas de Curicó, centro de comercio informal que cada fin de semana reúne, entre comerciantes y clientes, a varios millares de personas en el populoso sector Prosperidad, en la parte surponiente de esta ciudad.
Desde su nacimiento, hace más de dos décadas es que esta feria ha estado en la mira de las autoridades de turno, de las policías, y de otros organismos públicos. Ello porque que si bien su funcionamiento se inició con un rol social para generar ingresos para familias de escasos recursos, con el tiempo su finalidad ha ido variando, al amparar situaciones que ante la ley son irregulares, o lisa y llanamente ilegales.
Para nadie es un misterio que muchas de las ferias de las pulgas, y esta, la de Curicó no es la excepción, que en medio de las ropas usadas, entre los repuestos de todos los tipos, y junto a algún cachivache que ya no sirve en la casa, se esconde uno que otro artículo robado o de dudosa procedencia, algún disco pirata, o productos que no cuentan con la autorización de Impuestos Internos para ser vendidos.
En el caso de la Feria de las Pulgas de Curicó la situación ha ido más allá, ya que, según los propios vecinos, la autoridad municipal y de Gobernación, la feria se “desbordó” en varios frentes, por ejemplo, en la cantidad de “comerciantes” que superan con creces los aproximadamente mil “autorizados”; y que decir de los espacios ocupados que, de una cancha, sus calles laterales se ha sumado una avenida y sus aceras, totalmente.
Ante ello las autoridades anunciaron un proceso de notificación “amable” para quienes están fuera del perímetro autorizado, tras lo cual vendrá la fiscalización con el retiro de puestos, productos y demases. Este último anuncio trajo las protestas de los que no están en la feria propiamente tal, sino en las calles laterales, quienes alegan que requieren una oportunidad para allí establecerse cada fin de semana.
Así se desató la controversia, en que las autoridades insisten en que el objetivo, y lo han pedido los propios vecinos del sector, en que el tema se regule con las normas que dispone la ley, y que a la vez se restituyan espacios públicos que le han sido arrebatados al automovilista, al peatón, y a la comunidad en su conjunto, no mencionando el montón de hechos y situaciones que acaecen, reñidas con la justicia.
Los “informales”, por su parte argumentan que en la propia Feria hay quienes delinquen, usufructúan, o literalmente operan contra la norma, por lo que en base a ello exigen una oportunidad para el reemplazo del comerciante irregular. Así con este escenario, se vienen días de debate en torno a no echar pie atrás, aunque duela, o en pensar en una salida salomónica, en que el cumplimiento de la ley siga siendo lo primordial.