El ejemplo de la biblioteca

Hay gente que, a contracorriente, se atreve a diseñar una biblioteca en una ciudad ‘terremoteada’ y ‘maremoteada’ en un país del fin del mundo. Y la proyectan tan bien, tan armoniosa, que una prestigiosa institución de la arquitectura mundial la reconoce como un ejemplo de buen diseño.

20 Noviembre 2016   6   Editorial   Gustavo Alvarado

La biblioteca, ese espacio tradicional que celebra la irreductible sed de lectura del ser humano, se niega a sucumbir a los avatares de una sociedad multimedia, fascinada por las tecnologías en un mundo dominado por la inmediatez de las imágenes.

Paradójicamente, hoy se lee más que nunca gracias a la democratización de Internet y de las tecnologías, sin embargo, el libro y su hogar natural, la biblioteca, sufren y a la vez luchan por mantener su vigencia.

Es una pelea desigual en la que los libros se aferran a la natural curiosidad humana, a ese espíritu de conocimiento que –finalmente- es el motor de nuestro desarrollo, para resistir y seguir seduciendo a los lectores.

Pero, convengamos, la lectura no es prioridad. Es común, tras un terremoto, dejar la reconstrucción de una biblioteca, de un museo, de una escuela, para el final. Total, ya pocos leen y pocos también entienden lo que leen, argumentan los burócratas sentados detrás de los escritorios.

Sin embargo, hay esperanza ciudadanos. Hay señales que invitan a abrir un libro, a sentarse sobre una alfombra en un espacio iluminado, y leer como si no existiera nada ni nadie alrededor. Hay gente que, a contracorriente, se atreve a diseñar una biblioteca en una ciudad ‘terremoteada’ y ‘maremoteada’ en un país del fin del mundo. Y la proyectan tan bien, tan armoniosa, que una prestigiosa institución de la arquitectura mundial la reconoce como un ejemplo de buen diseño.

Es lo que ha pasado con la Biblioteca Municipal de Constitución, cuyo diseño, a cargo del arquitecto nacional Sebastián Irarrázabal, ha sido destacado –junto a otras 20 obras de todo el mundo- con el sello de excelencia por el “Royal Institute of British Architects” del Reino Unido.

La Biblioteca de Constitución es fruto del plan de reconstrucción que se diseñó para la ciudad costea tras los tristes episodios del 2010. Y es el fiel reflejo del sentido que toda recuperación debe tener: calidad constructiva y preocupación por el entorno y la ciudadanía. Y si a eso le sumamos una acción coordinada entre privados y autoridades locales, el resultado suele ser más que óptimo.

¿Por qué no replicar esa experiencia en otras ciudades del Maule, en otros proyectos de reconstrucción aún pendientes? ¿Por qué no aspirar a que el “Royal Institute of British Architects” vuelva a mirar a la región y encuentre otros diseños arquitectónicos que merezcan un reconocimiento?