El valor de la solidaridad

La pobreza y la exclusión se pueden superar, no es un camino sin retorno. Cuando las personas reciben apoyo, salen adelante.

21 Agosto 2016   4   Editorial   Gustavo Alvarado

De cuando en cuando aparecen por la vida personalidades que con su trabajo y ejemplo contribuyen de gran manera a mejorar la existencia de los más humildes, luchando para dar un rostro digno a quienes son los menos favorecidos de nuestra sociedad.

Estamos justamente en el Mes de la Solidaridad, instituido en homenaje a San Alberto Hurtado, quien hace más de 70 años fundó el Hogar de Cristo, señera obra social que es un verdadero milagro.

Durante este mes es necesario reiterar el llamado a  la responsabilidad de unos con otros y en especialmente con aquellas personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y exclusión.

Esta es una vitalizante tarea que contribuye a mejorar la vida de otros, pero también a darle un significado a la nuestra. En una sociedad centrada en el materialismo, el hedonismo y el individualismo, es necesario rescatar el bien colectivo en término de establecer una sociedad más justa y equilibrada.

Todavía hay en nuestro país miles de familias que viven bajo la línea de la pobreza y muchos en la indigencia.

En este sentido, la pobreza y la exclusión se pueden superar, no es un camino sin retorno. Cuando las personas reciben apoyo, salen adelante.

En nuestra región, ejemplo de esta misión es el diácono belga Guido Goossens a quien se le ha concedido recientemente la nacionalidad chilena por gracia en mérito a su destacada labor en beneficio de la comunidad nacional, trabajo pastoral y defensa de los derechos humanos.

El “hermano Guido” como se le conoce afectuosamente, reside en Chile desde el año 1974 y actualmente vive en la Villa San Antonio; ejerce su ministerio en la Parroquia San Sebastián; colabora en la Pastoral Penitenciaria de Talca, y participa en varias actividades para el reconocimiento y la promoción de la dignidad humana.

La comunidad lo describe como un “hombre simple, profundo, carismático y transparente”, que está dedicado a predicar el Evangelio, especialmente en los sectores más necesitados; representa los valores de solidaridad, humildad, compromiso y consecuencia con los más desposeídos. Es conocido como el hombre de la bicicleta, por ser su medio de transporte".

Este es un justo reconocimiento a quien representa los mejores valores de nuestra sociedad y que despliega con energía, fe y entusiasmo un valioso trabajo por los que más lo necesitan.