¿Elecciones democráticas en Venezuela?

Subyace el dolor y sufrimiento de un pueblo, cuyos hijos han emigrado buscando oportunidades

22 Mayo 2018   11   Editorial   Gustavo Alvarado

Con protestas en todo el mundo, incluyendo Chile, los venezolanos que viven actualmente un exilio obligatorio o voluntario, han manifestado su rotundo rechazo a las elecciones presidenciales que se realizaron el domingo y que -obviamente- dieron por ganador al actual Mandatario, Nicolás Maduro, quien podrá seguir en el cargo por seis años más. Todo ello en un contexto social de agudísima crisis económica y humanitaria, además de severas restriciones al ejercicio de derechos humanos fundamentales.
Se trata de un resultado esperado, como lo han señalado analistas políticos y los propios venezolanos residentes en el extranjero, por cuanto la oposición organizada se restó de participar en las elecciones por falta de garantías y, además, el gobierno contaba con todo el aparato del Estado para realizar propaganda política. Los otros dos candidatos parecían más bien muñecos en un escenario cuyo telón de fondo ya estaba resuelto.
Lo más grave es que a pesar de la severa respuesta que estas elecciones han motivado en América, donde el Grupo de Lima ha encabezado las críticas a un proceso que carece de las exigencias mínimas que caracterizan a una democracia, el gobierno venezolano y el Presidente Maduro parecen estar derechamente en otra dimensión, ajenos totalmente a lo que ocurre en su país y a las exigencias ciudadanas de cambio, en el contexto de un diálogo que permita avanzar en soluciones concretas.
Lo que subyace es el dolor y sufrimiento de un pueblo, cuyos hijos han debido emigrar a otras naciones, buscando oportunidades que su país no les da para ayudar a alimentar a sus propias familias. Qué más triste que tener que abandonar la patria para buscar el sustento y tratar de asegurar la vida de padres y hermanos. Más aún tratándose de Venezuela, una Nación que debería liderar el desarrollo y crecimiento, junto con los gigantes de Brasil, México y Argentina.
Así es la historia reciente de nuestra América, donde la corrupción y el debilitamiento del Estado de Derecho, han terminado por frenar el crecimiento de nuestros países. De no ser así, el continente sería hoy mucho más que simples exportadores de materias primas, en un contexto de valor creciente de las nuevas tecnologías y el pensamiento creativo.
Por todo ello, Chile no puede estar ajeno a lo que ocurre en Venezuela. Lo primero es acoger a nuestros hermanos venezolanos que llegan buscnado trabajo y condiciones dignas de vida; sin olvidar que nuestro país debe sumarse a quienes buscan una salida democrática a la actual crisis. Sólo así Venezuela podrá retornar al sitial que se merecen en el concierto internacional.