Estafa por vehículos

Está claro, por la reacción de las víctimas, que existe una “inconsistencia” en las sanciones ligadas a delitos de tal naturaleza, escenario que requiere de una urgente “actualización”

06 Junio 2017   10   Editorial   Gustavo Alvarado

Con la promesa de obtener un vehículo a un precio “considerablemente” inferior a lo disponible en el mercado, al menos 11 personas, todas domiciliadas en la comuna de Molina, cayeron en una de las tantas variantes del denominado “Cuento del Tío”. Esta vez, haciéndose pasar por un “alto ejecutivo de una empresa minera del norte de Chile”, un sujeto  ofreció camionetas que serían “dadas de baja”, por una supuesta “renovación de material”.

Para ello, tras ser convencidas que se trataba de un “buen negocio”, las víctimas depositaron en cuentas corrientes del sujeto, montos que comenzaban en los tres millones y medio de pesos. A fin de generar “confianza” entre los interesados, el individuo “utilizó” a una contadora, quien desconocía que en realidad, a la postre, estaba “colaborando” en una estafa.

En algunos casos, el engaño incluyó más elementos, ya que, tras adquirir el vehículo, aseguraba tener el contacto de otra persona, quien les compraría la máquina, obviamente a un precio mayor, por lo mismo, la tentación los llevó a “obtener” más camionetas. El problema se suscitó cuando los compradores vieron cómo se dilataba la “entrega” del vehículo, sin obtener mayor respuesta. Aburridos de las excusas, durante el pasado mes de abril, varios de quienes cayeron en el engaño, se acercaron a las oficinas de la Policía de Investigaciones (PDI) de Molina, estampando la respectiva denuncia.

Las diligencias llevadas a cabo por los detectives, permitieron establecer que el sujeto tras el hecho, venía repitiendo tales pasos entre diciembre de 2016 hasta mayo recién pasado, consiguiendo sobre los 70 millones de pesos.

Tras la detención del individuo, se llevó a cabo la formalización de cargos en su contra, por el delito de estafa reiterada. Fue el momento donde en una audiencia que se realizó en el Juzgado de Garantía de Molina, las victimas se reencontraron con el sujeto que los engañó. Lo que no esperaban era que al término de aquel procedimiento, aquella persona recuperara su libertad, debiendo cumplir algunas medidas cautelares menos gravosas, en este caso, arraigo nacional y firma quincenal en el respectivo tribunal.

La “desazón” en varias de las personas afectadas era evidente, más aun cuando ni siquiera estaba la opción de impedir o restringir que pudiera acceder a las mismas cuentas donde se supone que permanece el dinero.

A la hora de adquirir algún producto, en este caso, un medio de transporte, las lecciones que se pueden sacar, pasan, por un lado, respecto a siempre optar por el denominado “mercado formal”, más aun cuando los montos de dinero involucrados son altos. Por algo un antiguo adagio lo señala: “Lo barato, cuesta caro”. Pero independiente a ello, está claro, por la reacción de las víctimas, que existe una “inconsistencia” en las sanciones ligadas a delitos de tal naturaleza, escenario que requiere de una urgente “actualización”, que esté a la altura de las exigencias planteadas desde la propia ciudadanía.