Éxito con alma

¿El fin justifica los medios? Tomando en cuenta el bicampeonato de América, la respuesta podría ser obvia. Pero la sustentabilidad de todo proyecto no debe acotarse solo a los resultados. Eso puede servir por un tiempo. Pero a la larga la dimensión ética de todo logro sale a la luz.

18 Junio 2017   7   Editorial   Gustavo Alvarado

Hoy la selección de fútbol inicia un nuevo desafío en la Copa Confederaciones que se disputa en Rusia, enfrentando al seleccionado de Camerún. Un privilegio bien ganado tras las exitosas campañas del equipo que lo llevaron a conquistar el bicampeonato de la Copa América.

Nadie puede negar los avances del fútbol chileno desde el arribo de Marcelo Bielsa, técnico que llevó a la “roja” al Mundial de Sudáfrica. Logro que no es solo estadístico, sino –fundamentalmente- cualitativo. Porque lo que se valora de la experiencia que encabezó Bielsa, más allá de la clasificación, es el gran avance que experimentó el “equipo de todos” en su forma de jugar, en el espíritu y convencimiento con que encaró el juego.

Se dejó de lado la estrategia “prehistórica”  de “colgarse del travesaño”, y se confió en las condiciones técnicas y anímicas de jugadores que, amparados por los nuevos tiempos, creyeron que otra forma de jugar era posible.

El camino trazado por Marcelo Bielsa fue seguido por Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi, quienes sumaron los títulos a la notoria mejoría evidenciada en el estilo de juego. Porque una cosa es jugar bien y otra lograr resultados.

Chile consiguió ambos desafíos en poco tiempo. ¿Y ahora qué? ¿Campeones de la Copa Confederaciones? ¿Campeones del Mundo?

El éxito, sin embargo, muchas veces no deja ver el bosque. Porque este camino hacia la victoria no ha estado exento de dificultades, especialmente en dos áreas. Una administrativa que dejó en el camino al ex presidente de la ANFP, Sergio Jadue, personaje que quedará en la historia del fútbol nacional como símbolo de la corrupción. Y otra disciplinaria respecto al plantel de jugadores, en donde se han sacrificado las normas de buena convivencia que todo sistema requiere por las luces del exitismo.

¿El fin justifica los medios? Tomando en cuenta el bicampeonato de América, la respuesta podría ser obvia. Pero la sustentabilidad de todo proyecto no debe acotarse solo a los resultados. Eso puede servir por un tiempo. Pero a la larga la dimensión ética de todo logro sale a la luz.

Cuando se habla de premios millonarios, de comportamientos reñidos con las normas básicas de convivencia social –incluso de implicancias penales- hay un componente ético que se reciente. Se dejan de tener los pies en la tierra y se levantan “ídolos de barro”.

Y si quienes son los llamados a poner orden no lo hacen, el proceso –pese a los éxitos conseguidos y por conseguir- no puede terminar bien.

Nadie quiere que a la “roja” le vaya mal. Al contrario. Todos queremos ver a la selección en lo más alto del pódium. Pero el éxito debe tener alma.