Forma y fondo

El problema son las formas. Y más aun tratándose de un cargo democrático como el de Presidente de la República, independiente del nombre propio, que debemos, como país, como sociedad, resguardar en su identidad republicana.

19 Septiembre 2017   24   Editorial   Gustavo Alvarado

¿Solo importa el fondo y no las formas? ¿O solo las formas y no el fondo? Si nos importan más las formas, ¿caemos en el simple cinismo? Y si nos quedamos con el fondo, ¿tenemos el derecho de expresar nuestras ideas de cualquier manera, con violencia, por ejemplo, o sin importarnos el otro?

Estas y otras reflexiones se han realizado a propósito de lo ocurrido en el Tedeum evangélico, en donde la Presidenta Michelle Bachelet recibió el rechazo de algunos de los intervinientes en la ceremonia, debido a no compartir las políticas que el Gobierno ha desarrollado en temas de implicancias valóricas, ya sea a través de discursos encarados con un tono altisonante o, derechamente, con ofensas personales.

Lo ocurrido en el Tedeum evangélico evidenció, además de la incomodidad presidencial, las diferencias existentes al interior del mundo evangélico, un dato que ayuda a entender, y no a justificar, el tenor del acto. Porque, claro, es difícil aunar criterios cuando hay tantos puntos de vista en juego. Y lo que puede ser un punto a favor, la riqueza de la diversidad, se transforma, en algunas situaciones, en un factor de desorden formal.

Nadie puede criticar la diversidad de opiniones. Menos aun tratándose de temas valóricos. Cada quien es libre de expresar sus ideas y defenderlas cuando sienten que alguien, en este caso un poder del Estado, no los representa a través de sus políticas de gestión.

El problema son las formas. Y más aun tratándose de un cargo democrático como el de Presidente de la República, independiente del nombre propio, que debemos, como país, como sociedad, resguardar en su identidad republicana.

Ayer el Tedeum ecuménico, con todos los ojos puestos en su puesta en escena tras lo ocurrido con su símil evangélico, dejó en evidencia que las formas sí importan, ya que, sin dejar de manifestar su rechazo a la Ley de Aborto en tres causales, la homilía del arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, se desarrolló en un tono de cordialidad y respeto que no hizo otra cosa que valorizar las diferencias.

Las explicaciones subjetivas, que apuntan a defender puntos de vista entendibles y razonables, no pueden servir para justificar lo injustificable.

Chile crece y avanza con sus diferencias. Retrocede cuando esas diferencias se expresan sin respecto. Porque la forma sí importa, tanto como el fondo.