Freirina 2.0 pero en tierras maulinas

En suma, malos olores, moscas, movimiento de maquinaria, quizás enfermedades asociadas, incluso que pudieran ser psicosomáticas (...)

06 Noviembre 2018   6   Editorial   Gustavo Alvarado

Aún se mantiene en la memoria colectiva a nivel nacional el nombre del Freirina, zona ubicada en la Región de Atacama. El caso desatado entre el 2011 y 2012 se hizo conocido por la contaminación que era generada por un mega plantel de cerdos, de propiedad de Agrosuper, entidad que se vio obligada a desmantelar la planta, gracias a la presión de los vecinos y decisión de los organismos correspondientes.
Desde el término del conflicto han transcurrido cerca de seis años, y en este lapso en el país cada cierto tiempo vuelven aparecer uno u otro episodio en que la comunidad debe salir a la calle para manifestar su oposición para tal o cual proyecto que casi siempre se presenta como un aporte al desarrollo de las localidades, pero que en paralelo lleva consigo un gran dolor de cabeza para los vecinos de los sectores circundantes.
Esta molestia tiende a acentuarse más aun cuando las iniciativas en cuestión se transforman en un riesgo o una amenaza para sitios que por sí solos son un patrimonio para cada comuna. Pareciera es el escenario que se comienza a abrir, como ya ha ocurrido en otros puntos de la región del Maule, esta vez en la comuna de Molina.
Allí, la comunidad ha salido a la calle para pronunciarse que no quieren, ni tienen la intención de transformarse en una Freirina 2.0, o en una segunda parte de otros episodios similares en envergadura en el país.
Y es que los vecinos están preocupados, y no es para menos, si se analiza un proyecto de una avícola que se quiere instalar en uno de los sectores de Molina, considerando la iniciativa 11 módulos con 160 mil gallinas cada uno de ellos, según ha explicado la autoridad municipal molinense, cifra que ya por sí es inquietante.
Más lo es si se vuelve a realizar una ecuación y esta arroja como resultado nada menos que 186,3 toneladas de guano al día, es decir cerros y cerros heces de gallinas, según los mismos datos que maneja la autoridad molinenses. Es decir, en suma, malos olores, moscas, movimiento de maquinaria, quizás enfermedades asociadas, incluso que pudieran ser psicosomáticas, pero que afectan a las personas a las finales de cuenta.
Si a esto se agrega que el posible plantel de aves estaría a unos 23 kilómetros de distancia del Parque Nacional Radal Siete Tazas, afectando al turismo, actividad que Molina pretende potenciar, tenemos gran parte de los ingredientes para ver un movimiento social, quizás similar al de Freirina, o de otros como ahora último en Quinteros y Puchuncaví.
Quizás sea momento que la autoridad respectiva vea más de cerca el actual escenario en Molina. Tal vez, así, como se estudian las variables técnicas del proyecto planteado por privados, haga lo mismo con los argumentos que exponen los vecinos.
Así en un mismo escenario se verían las caras la rentabilidad cuantitativa de una iniciativa económica y una que dice relación con la calidad de vida de cientos de personas. Pudiera ser el momento para analizar qué es lo mejor, y no tener un Freirina 2.0, pero esta vez en tierras maulinas.