¿Hacia dónde llegaremos?

Los dirigentes sociales y la ciudadanía en general quieren cambios profundos y se espera que la institucionalidad política, aunque no goce del mejor prestigio en estos momentos, esté a la altura.

Ayer a las 09:00   57   Editorial   Gustavo Alvarado

Comenzaremos ya la cuarta semana desde el inicio del estallido social en nuestro país y las marchas y movilizaciones siguen en pie, no decaen y muchos ya advierten que esta dinámica se mantendrá por un largo tiempo. Es que la consigna es no bajar los brazos porque, más allá de poner sobre la mesa las sentidas demandas de la ciudadanía, se entiende que, en la práctica, aún no se ha conseguido algo concreto.


Capítulo aparte son las expresiones de violencia, siempre condenables, pero que, a la luz de ejemplos del pasado o de lo ocurrido en otras latitudes del mundo (ya que tanto nos gusta como país mirar lo que sucede en lugares más desarrollados que el nuestro), son un ingrediente que nunca dejará de estar de lado. Pareciera ser que no se concibe un estallido social sin desmanes ni violencia.


Ahora bien, ¿cuál será la salida al momento que se vive en nuestro país? La llamada agenda social del gobierno no logró en lo más mínimo aplacar los ánimos de la ciudadanía que ha salido a las calles, que exige cambios más profundos, encontrando insuficientes los anuncios del mandatario. El cambio de gabinete tampoco hizo mella en las movilizaciones, más aún cuando se exigía la salida del entonces ministro del Interior y Seguridad Pública, Andrés Chadwick, quien fue precisamente el que encabezó la lista de secretarios de Estado que partieron del gobierno. Sin embargo, los ocho ajustes ministeriales terminaron siendo solo tres caras nuevas, ya que el resto fue enroque de carteras.


En cuanto a los diálogos, la experiencia en la Región del Maule no fue del todo auspiciosa en el inicio. Emplazamientos cruzados, marcaron la primera jornada, aunque siempre está la esperanza en que las reuniones posteriores si se pueda dar lo que es la esencia de estos encuentros, que es escuchar y debatir, siempre con respeto y empatía.


Por lo tanto, cuando estamos casi a un mes del comienzo del estallido social, la pregunta es hacia dónde llegaremos con todo esto. Los dirigentes sociales y la ciudadanía en general quieren cambios profundos y se espera que la institucionalidad política, aunque no goce del mejor prestigio en estos momentos, esté a la altura. Que actúe sin mezquindades, deje de lado los egos y tenga un accionar acorde a las exigencias del momento, porque esto no es un arrebato, sino que es rebalse de la paciencia de los ciudadanos.