Incendio y destrucción patrimonial

Lo de Notre Dame, guardando obviamente las proporciones, podría perfectamente calzar con procesos que como chilenos y, especialmente como maulinos, nos ha tocado vivir en la última década.

17 Abril   96   Editorial   Gustavo Alvarado

Con asombro, desde diversas partes del mundo se observó prácticamente en vivo y en directo como la imponente catedral de Notre Dame en Paris ardía y su estructura era consumida por las llamas de un voraz incendio que conmocionó a los habitantes de la capital francesa y, como ya se dijo, a millones en el resto del orbe.
Casi de manera inmediata, entendiendo el desastre para el patrimonio de la humanidad por la estructura que comenzó a construirse en el siglo XII, más allá de ser un templo símbolo de la iglesia católica y sede de la arquidiócesis de Paris, comenzaron a surgir las donaciones para su reconstrucción. La alcaldesa parisina aún no proponía su idea de generar una “conferencia internacional de donantes” con el objetivo de reunir a “expertos” para “poder recabar los fondos” necesarios y ya decenas de personas, organizaciones y empresas habían manifestado su apoyo económico, en algunos casos, con millonarios aportes en euros como el del grupo energético Total (100) y del grupo empresarial Louis Vuitton Moët Hennessy (200). Sin embargo, el Vaticano, la principal sede del mismo credo que se profesa en Notre Dame descartó hacer aportes. Respuesta paradójica, por decirlo sutilmente.
Lo que probablemente vendrá ahora será una serie de encuentros y reuniones con la finalidad de recabar los recursos que permitan recomponer el templo replicando su concepción original, debido a que, por el siniestro, se perdieron piezas únicas imposibles de volver a verlas.
Pero lo de Notre Dame, guardando obviamente las proporciones, podría perfectamente calzar con procesos que como chilenos y, especialmente como maulinos, nos ha tocado vivir en la última década. Siendo “visitados” constantemente por desastres naturales, nuestro patrimonio ha sufrido los embates de cada uno de ellos. Y ahí están, siguen a la deriva, en una zona donde no existen los grupos empresariales capaces de levantar la voz de forma inmediata para decir “yo aporto para su reconstrucción”.
Ejemplos de esto hay muchos, pero tomaremos uno cercano. La Iglesia Corazón de María, estructura de carácter gótico -al igual que Notre Dame-, resultó con daños severos por el terremoto de 2010. Desde esa fecha permanece cerrada y con evidente riesgo en su estructura. Desde el Ejecutivo, poco después del mega sismo, se abrió un fondo para la reconstrucción, donde se publicó un listado de inmuebles que requerían financiamiento para que empresas y/o particulares hicieran sus aportes. Después de varios meses, tan solo logró tener 10 mil pesos de un donante anónimo. Y allí sigue esta iglesia, esperando un milagro.
Claramente no somos Notre Dame, estamos a 12 mil kilómetros de distancia, pero nuestro patrimonio también merece la atención de todos los que vivimos y circulamos a diario por sus alrededores.