Incendios forestales: La lección aún no aprendida

En las últimas semanas, las alarmas de los organismos de emergencia en sectores costeros y cordilleranos se han vuelto a encender, y con ellas ha venido de vuelta el depredador fantasma de los incendios forestales

30 Enero 2018   9   Editorial   Gustavo Alvarado

En las últimas semanas, las alarmas de los organismos de emergencia en sectores costeros y cordilleranos se han vuelto a encender, y con ellas ha venido de vuelta el depredador fantasma de los incendios forestales que en la temporada estival pasada arrasó miles de hectáreas dejando destrucción, damnificados, y un recuerdo que se mantiene vigente en la memoria colectiva de la comunidad.
Los siniestros del verano pasado, además, dejaron una lección aprendida a punta de fuego, sudor y lágrimas, en cuanto a que la zona, también el país, no estaban preparados para incendios de envergadura mayor, por lo que hubo que echar a mano a todo, todo, lo que se tenía el alcance para así evitar que los bosques, y las comunidades como Santa Olga, se siguieran quemando, incluso pidiendo ayuda internacional.
La lección se aprendió “casi” por completo, y por ello mucho antes que llegara esta temporada estival, ya los municipios, por ejemplo, de Hualañé y Vichuquén habían desarrollado planes, campañas y acciones que evitaran que la historia se repitiera. Lo mismo hicieron los organismos más cercanos a la emergencia como la Corporación Nacional Forestal (Conaf) o los cuerpos de bomberos, entre otras instituciones.
De hecho, hasta la planificación previa cambió, ya que ante el primer atisbo de siniestro amenazante en la zona se activó el combate, agregando incluso en forma inmediata el ataque desde el aire, algo que en años anteriores solo se venía a sumar cuando el incendio estaba un tanto avanzado, lo que ha permitido poner un coto anticipado al fuego.
Además, en la última, y en esta temporada de verano, las condiciones atmosféricas y climáticas tienden a darse para que estén de vuelta los incendios enmarcados varios de ellos en la nueva tipificación 30-30-30. Es decir, que se dé la combinación de factores 30 grados de temperatura o más; 30 kilómetros la velocidad del viento o más; y que la humedad relativa descienda bajo el 30 por ciento.
Hasta allí la lección está “casi” aprendida. Sin embargo hay un capítulo, un elemento que no logra ser controlado, y que literalmente sigue azuzando el fuego.
Se trata de la “intencionalidad humana,” que se esconde tras los cerros, detrás de los árboles, y en medio de los matorrales secos, factor que se sabe está presente, que suena fuerte en las comunidades, también en los organismos de emergencia, pero que no logra ser descubierto, ni menos controlado.
Por ello, se hace vital que organismos que están en la línea de fuego, especialmente en la investigación de los incendios, aprendan este episodio de la historia. Mientras ello no ocurra, el fantasma encendido seguirá recorriendo nuestras zonas trayendo destrucción, fuego y dolor, como ya ocurrió en el verano pasado. Con ello la lección, completa, estaría aprendida.